Adriana Estrada
El Buen Tono
Orizaba, Ver.- Lo que hace un año era una emergencia sanitaria, hoy es solo parte del paisaje. El gusano barrenador (Cochliomyia hominivorax) continúa presente en la región, pero ni la población ni las autoridades parecen ya sorprenderse.
De acuerdo con rescatistas independientes, la plaga ha sido “normalizada” al punto de que ya no genera alarma, pese a que sigue cobrando víctimas, especialmente entre los animales más vulnerables: los perros que viven en la calle.
“La gente ya lo ve como algo común. Si un perro tiene una herida y le salen gusanos, dicen: ‘Es el barrenador’, y siguen su camino. Ya no hay esa reacción de auxilio que hubo al principio”, señalaron.
El problema, sin embargo, no es igual para todos. Los perros que tienen dueño y son llevados al veterinario reciben atención oportuna: desinfección, aplicación de medicamentos y seguimiento. En esos casos, el sistema funciona. La responsabilidad individual aún alcanza para salvar una vida cuando hay alguien que se hace cargo.
Pero la realidad es brutalmente desigual para los perros callejeros. Sin una persona que se responsabilice de ellos, el gusano barrenador se convierte en una sentencia de muerte. Las heridas se infectan, los tejidos son devorados y, finalmente, el animal muere desangrado o a causa de una septicemia.
“Nadie quiere gastar en un perro de la calle”, lamentan los rescatistas. “Ni siquiera para ponerle un vendaje o comprarle un antiparasitario, porque ‘no es de nadie'”.
