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AGENCIA

Ciudad de México.- Para Armando López, de 54 años, el estado de ánimo de su hogar puede medirse con el precio del jitomate, la cebolla y el aceite. Cada aumento en los productos básicos significa volver a hacer cuentas, reducir gastos y preguntarse si el dinero alcanzará para terminar la semana.

Desde hace años trabaja como cocinero en un pequeño negocio del centro de la Ciudad de México. Pasa entre 10 y 12 horas diarias frente a las estufas, y cuando hay banquetes o eventos especiales sacrifica sus fines de semana. Su ingreso depende directamente de su esfuerzo diario: Si trabaja gana; si no trabaja, no recibe dinero.

“Si trabajo gano; si no trabajo, no gano”, resume.

En su vivienda habitan cuatro adultos. Dos cuentan con empleos formales y acceso a seguridad social, mientras que los otros dos trabajan por cuenta propia sin una red de protección laboral. Entre todos reúnen recursos para pagar la renta, los servicios, la comida y los gastos del hogar, aunque reconocen que viven con lo necesario y sin margen para enfrentar emergencias.

La pandemia terminó con los pocos ahorros que habían logrado reunir y, desde entonces, recuperar estabilidad económica ha sido una tarea complicada. La inflación de los alimentos y los gastos cotidianos obligan a ajustar constantemente el presupuesto familiar.

“Todo sube. Ya no compras igual que antes”, dice Armando.

El riesgo de enfermarse y no poder trabajar

La incertidumbre de Armando no termina al salir de la cocina. Una enfermedad propia o de algún familiar puede convertirse en un problema económico, pues las consultas médicas, medicamentos y tratamientos representan gastos que deben salir directamente de su bolsillo.

Además, mira con preocupación el futuro. Después de una vida dedicada al trabajo, no tiene certeza sobre cómo enfrentará la vejez, ya que gran parte de su trayectoria laboral ha transcurrido sin un esquema formal de ahorro o protección social.

Su mayor preocupación no es únicamente cuánto gana hoy, sino qué ocurrirá cuando ya no tenga la misma capacidad para trabajar.

Un mercado laboral que genera empleos, pero no garantiza bienestar

El más reciente Reporte del Observatorio de Trabajo Digno, elaborado por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, advierte que millones de mexicanos enfrentan condiciones laborales que les impiden construir una vida estable.

El estudio estima que 57 millones de personas en México enfrentan al menos una condición que limita el acceso a un trabajo digno. Entre ellas:

* 35.9 millones trabajan sin acceso a seguridad social.

* 33.7 millones tienen ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

* 32.6 millones laboran en la informalidad.

* Cerca de la mitad de los trabajadores carece de estabilidad laboral al no contar con un contrato estable.

Para Rogelio Gómez Hermosillo, presidente de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, el problema no se limita al nivel salarial, sino a la estructura del mercado laboral mexicano.

“No es que el vaso esté medio lleno o medio vacío; está roto”, señala al describir un sistema que permite generar empleos, pero no necesariamente garantiza derechos, protección ni seguridad económica.

El especialista advierte que el debate público suele enfocarse en la cantidad de empleos creados o en la baja tasa de desempleo, pero deja de lado la calidad de esos trabajos.

Tener empleo, explica, no siempre significa contar con servicios médicos, ingresos suficientes, estabilidad o mecanismos para defender derechos laborales.

La informalidad detrás de millones de historias

Para Gómez Hermosillo, llamar “informalidad” a esta situación oculta una realidad más profunda: La precariedad laboral.

Millones de personas trabajan todos los días como comerciantes, repartidores, prestadores de servicios, pequeños empresarios o trabajadores independientes, pero carecen de una red de protección ante enfermedades, accidentes o la vejez.

Armando forma parte de ese grupo. Cuando necesita atención médica debe pagar consultas particulares y comprar medicamentos con sus propios recursos. Si una enfermedad le impide trabajar, enfrenta un doble golpe: Los gastos aumentan mientras sus ingresos desaparecen.

El informe también señala que 86 por ciento (%) de los trabajadores asalariados y subordinados carece de una representación colectiva efectiva o sindicato para negociar mejores condiciones laborales.

Además, 15.2 millones de personas permanecen fuera del mercado laboral debido a trabajos de cuidados no remunerados, una responsabilidad que recae principalmente en mujeres.

La falta de un sistema nacional de cuidados representa otra barrera para miles de mujeres que buscan incorporarse al empleo formal, pero deben asumir tareas relacionadas con niñas, niños, adultos mayores o personas con discapacidad.

Reformas laborales, pero pendientes estructurales

En los últimos años, el Gobierno mexicano impulsó medidas como el aumento al salario mínimo, la regulación de la subcontratación y la ampliación de vacaciones laborales.

Sin embargo, especialistas advierten que estas reformas no han resuelto el problema de fondo: Un mercado laboral donde millones de personas tienen empleo, pero continúan expuestas a la pobreza y la incertidumbre.

El Observatorio cuestiona que el éxito económico se mida principalmente por indicadores como la tasa oficial de desocupación, actualmente baja, sin considerar a quienes trabajan en condiciones precarias o a quienes están disponibles para laborar, pero enfrentan obstáculos como la falta de cuidados.

La distancia entre las cifras oficiales y la realidad cotidiana se refleja en historias como la de Armando, quien no sigue las negociaciones comerciales internacionales ni los grandes indicadores económicos. Su realidad está en los precios del mercado.

Él sabe cuánto cuesta el jitomate, la cebolla, el aceite y el gas. Sabe que cada incremento significa vender más, gastar menos o ajustar nuevamente el presupuesto familiar.

El reto de que trabajar permita vivir

Para Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, el desafío de México no es únicamente crear más empleos, sino garantizar que esos empleos permitan a las personas enfrentar una enfermedad sin caer en crisis económica, llegar a la vejez con seguridad o mantener el patrimonio construido durante años.

Entre las tareas pendientes se encuentran crear un sistema de protección social que no dependa exclusivamente del empleo formal, fortalecer una política nacional de cuidados y garantizar ingresos suficientes para que trabajar sea una verdadera herramienta contra la pobreza.

Mientras esas condiciones no cambien, millones de mexicanos seguirán haciendo cuentas todos los días.

Como Armando, quien al terminar su jornada vuelve a sentarse en la mesa de su cocina para calcular cuánto costará surtir nuevamente los ingredientes, cuánto subirá el próximo producto y si el esfuerzo de cada día será suficiente para llegar al final del mes.

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