De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba.– Las autoridades municipales “cacaraquean” la construcción de un rastro regional Tipo Inspección Federal (TIF) en un terreno municipal, con inversión federal y estatal. El proyecto, presentado ante la Sefiplan, busca atraer capital de migrantes veracruzanos en Estados Unidos. El anuncio no es nuevo. Es el mismo que hicieron Juan Lavín y Francisco Portilla. Y, como entonces, el rastro no existe y el dinero fue a parar a los bolsillos de los ex alcaldes.
Enrique Alvarado Guzmán, líder de los tablajeros del Mercado Revolución, escuchó el anuncio con la incredulidad que en anteriores ocasiones. En entrevista, fue contundente: “No es novedad, desde Juan Lavín, desde Portilla, que Portilla lo cerró. Era la novedad de volver a hacerlo”.
La promesa del rastro se ha repetido como un disco rayado. “Todos los presidentes han dicho lo mismo, el último y el presidente que tenemos ahora. Un pin… mercado y un pin.. rastro que nunca iban a ser”.
Alvarado no solo cuestiona el proyecto, sino la credibilidad de quien lo anuncia. “Este señor (Manuel Alonso), lástima que tenga estudios y todo, pero veo que, nomás habla y dice. Las personas que actúan o que trabajan, no te lo dicen”.
El rastro municipal actual solo procesa ganado porcino. Las 90 carnicerías del Mercado Revolución surten carne de res proveniente desde Orizaba y Cuitláhuac. “Ahora no vemos que quieran abrir el rastro, los cortes que traen son de Orizaba y Cuitláhuac, aquí no tenemos para cuándo abran”.
La falta de un rastro funcional encarece la operación y obliga a los productores a trasladarse a otros municipios. El proyecto TIF, denunció Alvarado en otra ocasión, “sigue en el abandono y sin rumbo claro, ante el silencio y la falta de voluntad de las autoridades municipales”.
El abandono del rastro es solo una pieza del deterioro. El Mercado Revolución, corazón del comercio local, enfrenta una crisis que las autoridades ignoran. El ambulantaje ha saturado las banquetas y reducido las ventas de los locatarios.
El alcalde no precisó el monto total del proyecto, el costo que asumiría el municipio, el plazo de ejecución ni la fecha estimada para el inicio de la obra. En la práctica, el anuncio es un acto de fe, no un plan de gobierno.
Alvarado resumió el sentimiento de los tablajeros: “Me disculpa, señor presidente, yo tengo más años. He escuchado esa promesa de tres alcaldes distintos, y el rastro sigue sin construirse, solo se llevan el dinero”.
