Veracruz, Ver.- Seis meses después de recibir un disparo presuntamente realizado por un guardia de seguridad privada de la empresa PanAmericano, Alan, de 19 años, asegura que aún vive con las secuelas físicas y psicológicas de aquella mañana del 22 de febrero de 2026, cuando acudió con su primo a una farmacia para comprar vendas y tomarse unas fotografías para su credencial de un equipo de fútbol.
El joven relata que la discusión comenzó dentro de la sucursal, ubicada en la colonia Predio I, luego de que uno de los guardias les exigiera abandonar el establecimiento. Minutos después, afirma, un segundo elemento, identificado como Antonio “N”, lo empujó hacia el exterior y le disparó en el abdomen.
“Tengo suerte de estar vivo. Me dijeron que pocas personas sobreviven a un disparo como el que recibí”, cuenta Alan, quien fue sometido a una cirugía de emergencia en la que los médicos tuvieron que intervenir el intestino, el hígado y el páncreas. La bala permanece alojada en su cadera debido a la complejidad de retirarla, situación que aún le provoca dolor y limita su movilidad.
Además de las secuelas físicas, el joven asegura que enfrenta un fuerte trauma psicológico. Relata que desde aquel día sufre pesadillas constantes, se despierta sobresaltado y revive el momento en que, según su testimonio, el guardia le gritó antes de dispararle. Especialistas le recomendaron recibir atención psicológica por los síntomas derivados del ataque.
Alan rechaza la versión de un supuesto intento de robo que, afirma, fue difundida tras los hechos. Asegura que cuenta con el comprobante de la compra realizada en la farmacia y sostiene que en ningún momento representó un riesgo para el personal de seguridad.
Tras la agresión, Antonio “N” fue detenido y posteriormente vinculado a proceso por el delito de lesiones dolosas calificadas, por lo que permanece en prisión preventiva dentro del proceso penal 59/2026. Sin embargo, Alan afirma que hasta ahora no ha sido llamado a declarar por la Fiscalía General del Estado.
Mientras continúa su recuperación, el joven permanece sin poder trabajar. Antes del ataque laboraba como chofer y cargador de una empresa de muebles y es el principal sostén económico de su familia, además de ser padre de un niño de un año con tres meses que requiere atención médica constante.
Alan y su madre también buscan que PanAmericano responda por los daños ocasionados por uno de sus trabajadores. Aunque el medio buscó la postura de la empresa, hasta el momento no ha emitido una respuesta.
“No quiero que este caso quede impune. Quiero justicia y que se hagan responsables de todos los gastos y del daño que me causaron. Me pudieron haber dejado paralítico o quitarme la vida“, expresó el joven.
