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AGENCIA

Ciudad de México.- El crimen organizado ha ampliado su influencia sobre el comercio de barrio en México. Ya no se limita al cobro de derecho de piso o a las extorsiones: Ahora también controla cadenas de suministro, impone proveedores, decide qué productos pueden venderse y fija precios en diversas regiones del país, afectando tanto a comerciantes como a consumidores.

Así lo revela la Encuesta Pulso de la Tienda de Barrio 2026, elaborada por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), la cual advierte una creciente infiltración de grupos criminales en la economía cotidiana.

Del cobro de piso al control del mercado

Los resultados muestran un cambio en la forma de operar de las organizaciones delictivas. El presidente de la Anpec, Cuauhtémoc Rivera, explicó que las bandas criminales ya no sólo exigen cuotas a los comerciantes, sino que buscan controlar completamente la distribución de mercancías.

En distintas regiones del país, proveedores tradicionales son desplazados mediante amenazas o violencia, permitiendo que los propios grupos criminales distribuyan los productos y determinen qué marcas llegan a las tiendas, cuáles desaparecen del mercado y cuánto deberán pagar los consumidores.

Este esquema convierte al crimen organizado en un actor que influye directamente en el abastecimiento de productos básicos como huevo, pollo, cerveza, refrescos, cigarros, botanas y artículos de primera necesidad.

Una problemática que crece

La encuesta revela cifras que muestran la dimensión del fenómeno:

• El 16.8 por ciento (%) de los pequeños comercios afirma haber sido presionado para adquirir productos de marcas específicas a proveedores determinados.

• El 51.1% señala que sus proveedores enfrentan problemas de inseguridad para surtir mercancía.

• El 36.2% considera que la inseguridad tiene un impacto económico alto o muy alto en su negocio.

• El 37.6% asegura que existen redes de distribución controladas por grupos delictivos en su región.

• El 33.7% considera que el crimen organizado ejerce un control importante sobre el país.

De acuerdo con Rivera, la presencia del crimen organizado en el comercio aumentó entre ocho y diez puntos porcentuales respecto a la medición anterior.

Controlan qué se vende

Uno de los cambios más preocupantes consiste en que las organizaciones criminales han comenzado a decidir qué mercancías pueden comercializarse.

El dirigente de la Anpec señaló como ejemplo el crecimiento del mercado de cigarros de contrabando y productos pirata en entidades como Sinaloa y la zona metropolitana de Monterrey, donde el comercio legal ha sido desplazado por productos ilegales.

La situación también alcanza alimentos de consumo diario como pollo, huevo y cerveza, cuya distribución comienza a depender de quienes ejercen el control territorial.

Once estados bajo mayor presión

La Anpec identifica once entidades donde esta problemática afecta de manera importante al pequeño comercio: Zacatecas, Sinaloa, Tamaulipas, Baja California Sur, Chiapas, Estado de México, Oaxaca, Tabasco, Guanajuato, Jalisco y Nuevo León.

Además, el cobro de derecho de piso también se mantiene en grandes centros urbanos como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Extorsiones cada vez más costosas

El estudio revela que las cuotas de extorsión también han aumentado.

Mientras hace algunos años las exigencias comenzaban en alrededor de 200 pesos, actualmente rara vez bajan de 500 pesos y pueden alcanzar entre cuatro mil y seis mil pesos mensuales, dependiendo de la percepción que tengan los grupos criminales sobre las ganancias del negocio.

Según la Anpec, los delincuentes calculan el monto observando el flujo de clientes, la ubicación del local, el nivel de vida del comerciante e incluso aspectos relacionados con su familia.

El consumidor también resiente el problema

La presión sobre las tienditas coincide con un deterioro del poder adquisitivo de los consumidores.

La encuesta indica que el 37.2% de los comerciantes considera que las ventas siguen disminuyendo; el 49.8% o reporta un aumento de clientes que solicitan fiado y el 36.6% señala que quienes piden crédito son prácticamente los mismos clientes habituales.

Respecto al gasto diario, el 55.6% de los compradores destina entre 50 y 100 pesos por visita; el 24.5% gasta entre 100 y 200 pesos; el 5.9% compra menos de 50 pesos y sólo el 4% supera los 200 pesos.

Los productos que más aumentaron

Los pequeños comerciantes reportan incrementos importantes en diversas categorías:

• Bebidas refrescantes: 74%.

• Cigarros: 66.6%.

• Botanas y frituras: 57.4%.

• Embutidos: 37.8%.

• Frutas y verduras: 34.6%.

• Lácteos: 33.9%.

• Carne de res: 29.7%o.

Como consecuencia, muchos consumidores han dejado de comprar algunos productos:

• Comida enlatada: 49.8%.

• Embutidos: 35.2%.

• Dulcería: 34.8%.

• Botanas y frituras: 30.3%.

• Pan de caja: 30%.

• Cigarros: 29.4%.

• Lácteos: 28.3%.

Un impacto que va más allá de la economía

Para la Anpec, el problema no sólo representa pérdidas económicas para los pequeños comerciantes.

El control del crimen organizado sobre las cadenas de distribución modifica la competencia, limita la libertad comercial, altera el abastecimiento de productos esenciales y genera un ambiente permanente de temor entre miles de tenderos que continúan operando porque dependen de esos negocios para sostener a sus familias.

La organización advierte que el comercio de barrio enfrenta uno de los mayores desafíos de las últimas décadas, en un escenario donde la inseguridad ya no sólo amenaza la integridad de los comerciantes, sino que comienza a influir directamente en el funcionamiento cotidiano del mercado y en los hábitos de consumo de millones de mexicanos.

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