De la redacción
El Buen Tono
Una investigación liderada por la científica mexicana Laura V. Cuaya, de la Universidad de Viena, demostró que los perros pueden distinguir diferentes expresiones faciales humanas, entre ellas la felicidad, la ira, la tristeza y el miedo.
El estudio, publicado el 7 de agosto en la revista científica iScience, analizó la actividad cerebral de perros mientras observaban imágenes de personas con distintas expresiones emocionales.
Los investigadores descubrieron que las caras felices activan regiones específicas del cerebro canino, entre ellas la corteza temporal y el núcleo caudado, áreas relacionadas con procesos cognitivos y con el procesamiento de recompensas.
Posteriormente, el equipo mostró a 12 perros imágenes de personas expresando felicidad, ira, miedo y tristeza. Mediante técnicas de exploración cerebral y aprendizaje automático, identificaron patrones de actividad que permitieron diferenciar las distintas emociones.
Uno de los principales hallazgos fue que los perros no se limitan a clasificar las expresiones humanas entre positivas y negativas. Su actividad cerebral mostró diferencias específicas entre el miedo, la ira y la tristeza, lo que representa una primera evidencia de que pueden distinguir distintas emociones negativas a partir de los rostros humanos.
“Me gustaría que la gente viera a los perros como seres emocionales”, señaló Laura Cuaya, quien inició esta investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) antes de integrarse a la Universidad de Viena y colaborar con investigadores de la Universidad Eötvös Loránd de Hungría.
Los científicos aclararon que esta capacidad no significa que los perros experimenten las emociones exactamente de la misma manera que los seres humanos. En la vida cotidiana, además de observar nuestros rostros, los animales también utilizan información proveniente del lenguaje corporal, el tono de voz y los olores.
De acuerdo con los investigadores, esta capacidad estaría relacionada con la historia de domesticación de los perros y con las habilidades sociales que desarrollaron para convivir, comunicarse y cooperar con los seres humanos.
El equipo también destacó que los perros que participaron en el estudio eran mascotas de familias, por lo que aún será necesario investigar si los perros que viven en libertad o en condiciones sociales diferentes procesan las señales humanas de la misma manera.
Para Cuaya, reconocer que los perros son capaces de interpretar nuestras expresiones podría cambiar la manera en que los seres humanos se relacionan y se comunican con ellos.
“Han evolucionado junto a nosotros para entender nuestras expresiones y cooperar con nosotros”, afirmó la investigadora.
