DE LA REDACCIÓN
EL BUEN TONO
REGIÓN.- Cumplir 40 años no solo trae cambios visibles en el cuerpo, sino también un nuevo panorama de necesidades nutricionales. A partir de esta edad, el organismo comienza a absorber peor ciertos nutrientes, y las reservas de vitaminas y minerales se reducen de forma natural. Fatiga persistente, calambres musculares, caída de cabello o cambios de humor no siempre son “normales” de la edad; pueden ser señales de que algo falta en la dieta.
La vitamina B12 es crítica: la menor producción de ácido estomacal reduce su absorción y su déficit provoca cansancio extremo y confusión mental. La vitamina D, esencial para huesos e inmunidad, suele estar baja en más del 35% de adultos, pues la piel sintetiza menos con el sol y la dieta no cubre lo necesario. El calcio también se vuelve prioritario: los huesos alcanzan su máxima densidad a los 30 años y desde los 40 requieren refuerzo para prevenir pérdida ósea, sobre todo en mujeres con riesgo de osteoporosis. El magnesio, clave para músculos y presión arterial, suele faltar; calambres nocturnos, insomnio e irritabilidad son señales de alerta.
Otros nutrientes como zinc, vitamina C y K cumplen funciones específicas: cicatrización y cabello, defensas y piel, coagulación y salud ósea. La mejor estrategia es una dieta variada con frutas, verduras, pescados y frutos secos. Si los síntomas persisten, un chequeo médico y análisis de sangre son el primer paso para identificar qué está fallando.
