AGENCIA
Katmandú, Nepal.- La devastadora riada que azotó el pasado miércoles 26 de agosto una zona del Himalaya cercana a la frontera entre Nepal y China ha dejado hasta ahora un saldo de 955 personas muertas y 4 mil 471 desaparecidas en territorio nepalí y la región autónoma del Tíbet.
Nepal concentra la mayor parte de las víctimas, con al menos 939 fallecidos y 3 mil 925 personas cuyo paradero continúa sin conocerse, de acuerdo con las autoridades encargadas de atender la emergencia.
La magnitud de la tragedia llevó al primer ministro nepalí, Balendra Shah, a calificar el desastre como una emergencia natural de dimensiones inimaginables y desgarradoras, mientras los equipos de rescate mantienen los trabajos para localizar sobrevivientes y recuperar cuerpos.
Las labores se desarrollan bajo condiciones extremas, debido a que grandes extensiones de terreno quedaron cubiertas por lodo y escombros. En algunos puntos, el barro alcanza la cintura de los rescatistas, dificultando el desplazamiento y la revisión de las zonas afectadas.
Elementos militares, policías y guías nepaleses trabajan durante el día y la noche, mientras persiste el riesgo de nuevas crecidas que podrían poner en peligro a los equipos y complicar todavía más el acceso a comunidades aisladas.
Especialistas de India, China y Corea del Sur se han incorporado a las labores de búsqueda, particularmente en sectores donde el lodo sepultó viviendas, caminos e infraestructura, aumentando las dificultades para determinar cuántas personas permanecen atrapadas.
En el lado chino de la frontera, las autoridades reportan 16 personas fallecidas y 546 desaparecidas en la región autónoma del Tíbet. Los equipos de emergencia enfrentan condiciones similares para ingresar a las áreas más devastadas.
Uno de los puntos más afectados es el puesto fronterizo de Gyirong, cuya infraestructura quedó prácticamente destruida por la fuerza del agua. El desastre ha provocado severos daños materiales y mantiene a cientos de familias a la espera de noticias sobre sus seres queridos.
Las autoridades de ambos países mantienen las operaciones de búsqueda y rescate, aunque el terreno inestable, el lodo y la amenaza de nuevas crecidas mantienen bajo riesgo permanente a los cuerpos de emergencia.
