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AGENCIA

Veracruz, Ver.- Entre calles, avenidas de intenso tránsito y viviendas que avanzan sobre sus espacios naturales, los tlacuaches enfrentan una lucha cada vez más difícil por sobrevivir en Veracruz. La expansión urbana, los atropellamientos y las agresiones de personas y animales domésticos han convertido a esta especie en una de las víctimas silenciosas del crecimiento de las ciudades.

Aunque su presencia suele asociarse con la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, los tlacuaches también forman parte de la fauna que habita en las regiones montañosas del estado, incluidas las Altas Montañas, donde municipios como Orizaba, Córdoba, Fortín, Ixtaczoquitlán, Río Blanco, Nogales y otros mantienen ecosistemas húmedos y templados que sirven de refugio para distintas especies de fauna silvestre.

En la zona conurbada, durante la temporada de reproducción y crianza, que comprende de febrero a agosto, la Clínica Veterinaria Las Américas llega a recibir hasta 10 tlacuaches por semana con lesiones provocadas principalmente por atropellamientos, machetazos, quemaduras, golpes y agresiones con piedras.

A estos casos se suman los ataques de perros domésticos, especialmente cuando los animales ingresan accidentalmente a patios o viviendas en busca de refugio o alimento. Las mordeduras pueden ocasionar fracturas y lesiones graves que requieren tratamientos prolongados.

La situación se vuelve todavía más complicada durante la época reproductiva, debido a que una sola hembra puede transportar hasta 13 crías en su marsupio. Los pequeños permanecen aproximadamente ocho semanas en esta bolsa abdominal antes de comenzar a desplazarse sobre el cuerpo de su madre.

Uno de los casos que refleja las consecuencias de las agresiones humanas es el de “Horchata”, una hembra de cinco años que permanece bajo cuidado de la clínica. Es ciega y, debido a su condición, no puede regresar a la vida silvestre.

Las especialistas desconocen si nació sin visión o si perdió la vista posteriormente como consecuencia de un traumatismo. Su caso forma parte de los cientos de ejemplares que han recibido atención y que, debido a la gravedad de sus lesiones, ya no tienen posibilidades de sobrevivir por sí mismos en libertad.

El caso más reciente es el de un tlacuache atacado con un machete. La agresión provocó daños severos en el fémur y la pelvis, por lo que tampoco podrá ser reincorporado a su hábitat natural.

No todos los animales llegan con lesiones irreversibles. Cuando presentan heridas superficiales pueden permanecer alrededor de 15 días bajo tratamiento; en casos de fracturas, la recuperación puede extenderse entre un mes y mes y medio antes de determinar si están en condiciones de ser liberados.

En las Altas Montañas, donde la combinación de bosques, barrancas, zonas húmedas y áreas rurales todavía ofrece espacios para la fauna silvestre, el avance de la mancha urbana también representa una amenaza. La construcción de viviendas, caminos y desarrollos modifica los sitios donde los animales encuentran alimento y refugio, obligándolos a acercarse cada vez más a las zonas habitadas.

Por ello, no es extraño que habitantes de municipios como Orizaba, Córdoba, Fortín, Ixtaczoquitlán, Nogales o Río Blanco encuentren tlacuaches desplazándose durante la noche, cruzando calles o refugiándose temporalmente en patios y viviendas.

Sin embargo, su presencia no significa que busquen convivir con las personas. De acuerdo con especialistas, estos animales generalmente buscan refugio o alimento y prefieren mantenerse alejados del contacto humano.

Cuando se sienten amenazados pueden recurrir a la tanatosis, un mecanismo de defensa mediante el cual aparentan estar muertos. También pueden liberar un olor desagradable a través de sus glándulas anales y producir abundante saliva.

Uno de los principales problemas que enfrentan es el rechazo provocado por mitos. Algunas personas los consideran roedores y creen que son transmisores de enfermedades, particularmente de rabia, una percepción que especialistas consideran equivocada.

Los tlacuaches son marsupiales y cumplen funciones importantes para los ecosistemas. Al ser omnívoros, contribuyen al control de insectos y otras especies, consumen garrapatas, participan en la dispersión de semillas y ayudan a retirar materia orgánica mediante sus hábitos carroñeros.

Su presencia, por lo tanto, representa un beneficio para los ecosistemas urbanos y rurales, incluidos los corredores naturales de las Altas Montañas, donde la conservación de la fauna depende cada vez más de que las comunidades aprendan a convivir con las especies que todavía resisten al crecimiento urbano.

Ante el encuentro con un tlacuache, las especialistas recomiendan no perseguirlo, golpearlo ni intentar atraparlo. Si el animal se encuentra sano, lo mejor es permitirle continuar su camino. La intervención debe solicitarse cuando esté herido, atrapado o en riesgo de ser atropellado.

En caso de querer ayudar a un ejemplar que se encuentre en una zona habitada, puede colocarse alimento como fruta o pequeñas cantidades de croquetas para perro o gato, siempre evitando acercarse o manipular directamente al animal.

Los tlacuaches que terminan su recuperación y están en condiciones de regresar a un entorno natural son trasladados a Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, donde pueden continuar su proceso de adaptación en espacios con condiciones ambientales más adecuadas y alejados del contacto constante con las personas.

Mientras el concreto continúa ganando terreno en Veracruz y las Altas Montañas, estos pequeños marsupiales enfrentan una batalla que no provocaron: Sobrevivir en un territorio cada vez más transformado por el ser humano. Para los especialistas, la mejor manera de ayudarlos comienza con una acción sencilla: no agredirlos y permitirles seguir su camino.

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