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De la redacción
El Buen Tono

La historia de Koko, la famosa gorila que aprendió lenguaje de señas, vuelve a cobrar relevancia a partir de una investigación científica que documentó cientos de casos de primates interactuando de manera afectiva con animales de otras especies.

En la Navidad de 1983, cuando tenía alrededor de 12 años, Koko utilizó el lenguaje de señas que le había enseñado Francine “Penny” Patterson para pedir a sus entrenadores un gato como regalo. Ante el temor de que pudiera lastimarlo, inicialmente intentaron darle un peluche, pero la gorila lo rechazó.

Un año después, se le permitió elegir un gatito de una camada. Koko lo llamó “All Ball” y desarrolló con él una relación de cuidado y afecto.

Aunque el caso de Koko fue particularmente llamativo por la forma en que había sido criada y educada, una investigación reciente señala que este tipo de comportamiento no es exclusivo de los primates entrenados para comunicarse con humanos.

Cyril Grueter, profesor de las universidades de Western Australia y Oxford, comenzó a interesarse en este fenómeno después de observar a una hembra de gibón de mejillas blancas del norte en el zoológico de Shanghái. El animal sostenía y acariciaba a un pequeño ratón que había ingresado a su recinto, sin intentar comérselo ni expulsarlo.

A partir de entonces, Grueter comenzó a recopilar reportes científicos, fotografías, videos y observaciones de otros especialistas. Lo que inicialmente parecían casos aislados terminó convirtiéndose en un patrón mucho más amplio.

En julio de 2026, Grueter encabezó un equipo de más de 30 científicos que reunió 427 casos documentados de primates interactuando con otras especies, registrados durante varias décadas, entre 1970 y 2025.

El análisis involucró a 88 especies de primates y 127 especies animales diferentes. Entre ellas se encontraron ovejas, tapires, ciervos, cerdos domésticos, gatos, perros, búhos, lagartos, sapos e incluso insectos.

Los comportamientos más frecuentes fueron el juego y el acicalamiento. Los investigadores encontraron que los individuos jóvenes y las crías participaban principalmente en actividades de juego, mientras que las hembras adultas mostraban con mayor frecuencia conductas de acicalamiento.

También se documentaron primates que transportaban, abrazaban y compartían comida con animales de otras especies, además de algunos casos de adopción.

Uno de los ejemplos más conocidos corresponde a los macacos japoneses que acicalan y se desplazan sobre ciervos sika, una interacción que puede repetirse durante largos periodos.

Otros registros incluyen a un langur acariciando a una ardilla, un gorila de lomo plateado acunando a un pequeño gálago, un bonobo sosteniendo a una cría de mangosta y macacos acicalando perros callejeros.

Sin embargo, los investigadores advierten que no todas estas relaciones pueden considerarse amistades. En algunos casos hubo comportamientos bruscos, negligencia, lesiones e incluso muertes. También se identificaron interacciones violentas.

Los resultados sugieren que conductas como el cuidado, la tolerancia y el juego con miembros de otras especies podrían estar mucho más extendidas entre los primates de lo que se pensaba.

Para los científicos, estos encuentros también abren una ventana hacia la evolución de algunas conductas sociales que posteriormente adquirieron una importancia particular en la relación entre los seres humanos y los animales.

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