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DE LA REDACCIÓN

EL BUEN TONO

ORIZABA.- El paso de los meses fortaleció los señalamientos de ambientalistas y vecinos que cuestionaron desde marzo el uso de maquinaria pesada en El Chirimoyo. Mientras advertían sobre el impacto de los trabajos, el alcalde Hugo Chahín Kuri defendió la intervención argumentando que era necesario actuar antes de la temporada de lluvias.

La temporada llegó, las precipitaciones se presentaron durante meses, pero el escenario de emergencia utilizado para respaldar la intervención no se convirtió en el argumento que originalmente la justificaba. En cambio, el conflicto llegó a los tribunales y un juez federal restringió el uso de maquinaria pesada, permitiendo solo labores de mantenimiento manual o de bajo impacto.

A esto se sumó el peritaje de Conagua presentado ante el juzgado, que documentó afectaciones ambientales derivadas de los trabajos con maquinaria del 2 de marzo: compactación y erosión del suelo, destrucción de biota y desplazamiento de fauna.

El resultado dejó una situación difícil de ignorar: la advertencia de los ambientalistas quedó respaldada dentro de un proceso judicial, mientras el argumento de la urgencia perdió fuerza con el transcurso de la temporada. Chahín apostó por la maquinaria pesada y presentó la medida como acción preventiva; sin embargo, la intervención terminó limitada judicialmente y con señalamientos ambientales documentados por la autoridad federal. El tiempo también mostró que El Chirimoyo no dejó de requerir mantenimiento. Lo que cambió fue la forma en que puede realizarse, tras las restricciones establecidas por la justicia federal.

La discusión ya no gira únicamente en torno a la necesidad de mantener el vaso regulador, sino a la decisión del gobierno municipal de intervenirlo y a las consecuencias ambientales generadas. Los ambientalistas fueron quienes desde el inicio cuestionaron el método utilizado; hoy, con una resolución judicial y un peritaje de Conagua en el expediente, sus advertencias tienen elementos documentales.

La temporada de lluvias avanzó. La emergencia anunciada sirvió para justificar las máquinas, pero la intervención terminó enfrentando restricciones judiciales y observaciones ambientales. El Chirimoyo permanece y seguirá necesitando mantenimiento. La lección es que la prevención no puede medirse solo por la maquinaria utilizada, sino por la eficacia de las decisiones y por el impacto que dejan sobre el entorno.

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