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De la Redacción
El Buen Tono

México.- A unos días del Día Nacional del Maíz, que se conmemora el 29 de septiembre, México enfrenta una creciente brecha entre la producción nacional y el consumo del grano. Para 2026 se estima una producción de 23.5 millones de toneladas, mientras que el consumo aparente alcanzaría 48.2 millones de toneladas.

De acuerdo con estimaciones del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la producción nacional cubriría apenas alrededor de 49 por ciento de las necesidades de consumo, por lo que el 51 por ciento restante tendría que cubrirse mediante importaciones.

La situación representa un cambio importante respecto de 2017, cuando México produjo aproximadamente 27.7 millones de toneladas y el consumo aparente fue de 40.3 millones. En ese año, la producción nacional cubría cerca de 69 por ciento del consumo.

Entre 2017 y 2026, la producción mexicana habría disminuido alrededor de 4.2 millones de toneladas, mientras que el consumo aumentó cerca de 7.9 millones, ampliando de manera considerable la brecha entre lo que se produce en el país y lo que se requiere para atender la demanda.

IMPORTACIONES ALCANZARÍAN NUEVO RÉCORD

La dependencia del exterior también se refleja en las compras realizadas durante este año. Entre enero y julio de 2026, México importó 14.72 millones de toneladas de maíz, volumen que representa un máximo para ese periodo y un incremento de 7.4 por ciento respecto del mismo lapso de 2025.

El GCMA estima que las importaciones podrían llegar a 24.8 millones de toneladas al cierre de 2026, con lo que superarían el récord registrado durante 2025.

Como referencia, en 2017 México importó aproximadamente 15.4 millones de toneladas.

Juan Carlos Anaya Castellanos, director general del GCMA, ha señalado que la situación del sector no puede atribuirse únicamente a una mala cosecha o a variaciones temporales de los precios, sino que existen factores estructurales que afectan la rentabilidad de los productores.

CADA VEZ SE CULTIVA MENOS SUPERFICIE

Uno de los principales factores es la reducción de la superficie destinada al cultivo de maíz.

Durante el actual ciclo primavera-verano se cosecharon alrededor de 5.4 millones de hectáreas, frente a las 6.2 millones consideradas como referencia por el GCMA, lo que representa una disminución cercana a 800 mil hectáreas.

A esto se suman los altos costos de producción, el encarecimiento de fertilizantes, semillas y diésel, las dificultades para obtener financiamiento y las condiciones climáticas adversas.

En estados productores como Sinaloa, la falta de agua también ha reducido la superficie sembrada y los rendimientos.

Para el ciclo otoño-invierno 2025-2026, de las aproximadamente 800 mil hectáreas de riego disponibles en Sinaloa, únicamente se sembraron 584 mil, de acuerdo con los datos citados en el reporte.

LA PRODUCTIVIDAD TAMBIÉN REPRESENTA UN RETO

México también mantiene una diferencia importante en rendimiento por hectárea frente a otros grandes productores internacionales.

Datos del Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), sistematizados por el GCMA, señalan que el rendimiento promedio mexicano ronda las 3.8 toneladas por hectárea, mientras que el promedio mundial es de aproximadamente 6.1 toneladas.

La diferencia es mayor frente a países como China, con 6.8 toneladas por hectárea; Ucrania, con 7.1, y Estados Unidos, con 11.5 toneladas.

Sin embargo, dentro de México existen contrastes importantes. Sinaloa registra rendimientos cercanos a 12 toneladas por hectárea, mientras que otras entidades también alcanzan niveles elevados mediante sistemas de riego, tecnificación y mayor utilización de tecnología.

SEQUÍA Y COSTOS GOLPEAN A LOS PRODUCTORES

La disponibilidad de agua se ha convertido en otro de los principales obstáculos para los agricultores.

En Sinaloa, el académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa y consultor en asuntos económicos agrícolas, Samuel Sarmiento Gámez, señaló que la reducción del agua provocó una disminución del rendimiento promedio del maíz, de aproximadamente 12.5 a 10.5 toneladas por hectárea.

El especialista también señaló que algunos productores han registrado pérdidas de hasta 12 mil pesos por hectárea.

Para el siguiente ciclo, FIRA estima un costo de producción de aproximadamente 54 mil 365 pesos por hectárea de maíz, alrededor de 3 por ciento más que el año anterior.

La combinación de menores rendimientos, mayores costos y dificultades para comercializar las cosechas puede reducir los márgenes de ganancia de los agricultores y desincentivar nuevas siembras.

¿POR QUÉ CADA VEZ ES MENOS RENTABLE PRODUCIR MAÍZ?

Entre los factores identificados por el GCMA se encuentran los precios internacionales, el comportamiento del tipo de cambio, los elevados costos de producción, el acceso limitado a financiamiento competitivo, la cobertura insuficiente de seguros agrícolas y climáticos y la falta de mecanismos adecuados para proteger los ingresos de los productores.

También se señala la necesidad de fortalecer la asistencia técnica, la transferencia tecnológica y la certeza sobre la comercialización antes de iniciar cada ciclo agrícola.

Para los especialistas, el problema no consiste únicamente en producir más maíz, sino en garantizar que cultivarlo resulte económicamente viable para los productores.

PROPONEN ELEVAR LA PRODUCTIVIDAD

Ante este escenario, el GCMA plantea una estrategia de largo plazo basada en financiamiento competitivo, seguros agrícolas, mecanismos de protección de precios, agricultura por contrato y mayor inversión tecnológica.

Entre las medidas propuestas se encuentran el acceso a semillas mejoradas, tecnificación del riego, mecanización, agricultura de precisión, investigación y asistencia técnica.

También se plantea que los productores conozcan antes de sembrar quién comprará su cosecha, bajo qué condiciones y con qué mecanismos podrán proteger sus ingresos.

El objetivo sería reducir la incertidumbre que enfrentan los agricultores y generar condiciones para incrementar tanto la productividad como la rentabilidad.

EL RETO PARA MÉXICO

De acuerdo con el GCMA, alrededor de 82 por ciento de los productores mexicanos cultivan superficies menores a cinco hectáreas y dependen principalmente de la agricultura de temporal. Su producción promedio ronda las 2.5 toneladas por hectárea.

El organismo estima que entre 2018 y 2026 los agricultores habrían dejado de cultivar alrededor de 17 por ciento de la superficie destinada al maíz.

El escenario plantea un desafío para la seguridad alimentaria del país: mientras la demanda continúa creciendo, la producción nacional enfrenta menores superficies cultivadas, problemas de agua, mayores costos y una productividad desigual.

El reto, de acuerdo con los especialistas citados, será producir más en las tierras disponibles, elevar los rendimientos y mejorar la rentabilidad del campo, al mismo tiempo que se reducen los riesgos que actualmente enfrentan los productores.

México mantiene así una creciente dependencia de las importaciones para cubrir su consumo de maíz, particularmente en un contexto de presión sobre los recursos hídricos y de cambios en las condiciones económicas y climáticas del sector agrícola.

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