Alejandro Aguilar
EL BUEN TONO
Córdoba, Ver.- La comunidad sorda conmemora tres fechas clave en septiembre. Lidia Esther Medina Mora, madre de Itzel Antonella Rodríguez Medina, estudiante sorda de secundaria, describe apoyos, obstáculos y reconocimientos. La comunidad no reconoce su condición como discapacidad: reivindica lengua, identidad y cultura.
Este mes se conmemora el Día Internacional de las Lenguas de Señas —23 de septiembre, el Día Mundial de las Personas Sordas, último domingo del mes y el Día Internacional de los Intérpretes o Traductores que es el 30 de septiembre.
Una identidad que no se llama discapacidad
Lidia explica que en la comunidad sorda hay molestia cuando se les adjudica el término discapacidad. “Ellos muchas veces se molestan que se les diga que tienen una discapacidad. Explican que no se sienten merecedores del término discapacitado o que tienen una discapacidad porque cuentan con la mayoría de los sentidos”, dice.
La madre agrega: “Tienen la vista, pueden caminar, pueden trabajar, pueden realizar todo tipo de actividades. El único problema es la dificultad de escuchar. Para eso desarrollan otras habilidades como la lectura de labios”.
Para la comunidad, la lengua de señas es lengua materna e identidad. Lidia sostiene: “Las personas sordas tienen una propia lengua, su lengua materna, la lengua de señas. Están formadas por una comunidad, ellos mismos se buscan. Tienen su propia identidad”. En México existe la Lengua de Señas Mexicana, con regionalismos, y también la lengua de señas maya o purépecha. La Constitución reconoce al país como pluricultural.
Apoyos escolares y obstáculos
Antonella estudió el kinder en el Club de Leones, en Córdoba. Lidia recuerda que ahí fueron inclusivos: “Los maestros cuando quieren hacer las cosas se dan cuenta que tienen la capacidad de poderse desarrollar. Se preparan, hacen una capacitación, les enseñan básico de lengua de señas”.
En secundaria, dice, los maestros también son comprensivos. Antonella lee los labios y es hablante; así se comunica con compañeros y maestros. La madre la llevó a terapia de lenguaje para aprender a hablar. También enfrentó barreras en algunas escuelas.
Reconocimiento académico y actividades
Antonella participa en arte y Español. Su maestra de arte le recomendó cursos de pintura y dibujo. Terminó un curso de música, toca piano y empezó violín. En la escuela obtuvo segundo lugar a nivel académico, con promedio de 9.9, y recibió un reconocimiento en la secundaria.
Lidia afirma que no hay que limitar: “Le he dado ese tipo de libertad para que ella pueda desarrollarse en otras actividades”. También dice: “Siempre les he dicho: no por la discapacidad, no vas a tener esa capacidad de por qué llegar a un objetivo”.
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