EL BUEN TONO
Zongolica, Ver.- La muerte de Serafín Apale Xocua no fue un accidente aislado. Fue el desenlace previsible de un municipio que, desde hace décadas, empuja a sus adultos mayores a buscar el sustento diario fuera de sus comunidades ante la falta de empleo, y que cuando más los necesita, les responde con discursos vacíos.
Don Serafín, de 60 años, salió de su domicilio en la localidad de Independencia el pasado viernes 3 de octubre para realizar su actividad comercial. Tres días después, el lunes, familiares y vecinos que participaban en su búsqueda localizaron su cuerpo en el fondo de un barranco de aproximadamente 10 metros de profundidad, en la comunidad de Apixtepec, cerca de El Módulo, en el sector de Totomachapa. De acuerdo con los testigos, probablemente cuando regresaba a su hogar fue desplazado por la corriente de las lluvias, provocando su caída mortal.
El ayuntamiento de Zongolica, encabezado por Ignacio Ramírez Flores, aseguró tras el suceso que se brindó acompañamiento y apoyo a la familia, reiterando un supuesto compromiso de estar cerca de las familias zongoliqueñas “cuando más lo necesitan”. Sin embargo, ese discurso se desmorona frente a una realidad que las cifras oficiales no pueden ocultar.
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