De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba.- El aire en los panteones de Córdoba se impregnó de un aroma inconfundible a cempasúchil, copal y tierra mojada. Este 2 de noviembre, los camposantos de la ciudad se transformaron en un escenario vibrante donde la muerte no fue motivo de luto, sino de celebración. Con una afluencia moderada de visitantes, las familias se volcaron a las tumbas para armar una verdadera fiesta de color y vida en honor a sus seres queridos.
Entre las lápidas adornadas con flores de tonalidades naranjas, moradas y rosas, la música no tardó en hacer acto de presencia. Fue común ver a parejas bailando con entusiasmo en los pasillos del cementerio, contagiando de alegría a los presentes. El ir y venir de la gente, los globos, los adornos y las ofrendas crearon un tapiz visual conmovedor, recordando que el recuerdo mantiene vivos a quienes se adelantaron en el camino.
La armonía dentro de los panteones contrastó con el caos afuera: las inmediaciones se colapsaron por el tráfico vehicular y la situación se volvió crítica, pues un solo agente municipal intentaba dar flujo a la gran cantidad de automóviles y transeúntes que buscaban llegar a las tumbas.
Esta falta de elementos de tránsito derivó en un verdadero dolor de cabeza para los conductores. En las vialidades aledañas se registraron accidentes menores que, aunque no dejaron lesionados de gravedad, sí obstaculizaron el paso de transportes públicos y vehículos particulares, generando largas filas y congestionamientos que se extendieron por varias horas.
La jornada dejó dos realidades: un interior lleno de color, baile y memoria para los difuntos, y un exterior marcado por la desorganización vial que puso a prueba la paciencia de los cordobeses.
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