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ACATLÁN.- El 27 de octubre un peculiar ritual da inicio en la región mazateca, especificamente en las comunidades Miguel Hidalgo y San Miguel Soyaltepec Oaxaca, antes Raya Licona; Los Huehuentones.

 

Este ritual que a través de generaciones se ha heredado, representa una forma diferente dentro de la cultura mexicana de rendir tributo a los difuntos, donde lo prehispánico se funde con la algarabía un pueblo que se niega a introducir algún tinte de tradiciones extranjeras que nada tengan que aportar a la basta mescolanza de olores, sabores y atracción visual que emerge de las flores, la danza, las máscaras, los paisajes  y la reunión fraternal de los habitantes que han visto pasar esta fiesta como protagonistas y como espectadores, según la descendencia lo haya permitido.

 

En lengua materna se pronuncia “Cha-sho-ó”, que traducido al español quiere decir: “hombres que brotan del ombligo”, y en el idioma náhuatl significa “viejos que regresan”

 

Misticismo

 

El misticismo de las fechas dedicadas a los fieles difuntos dotan de un particular encanto a este conjunto de tradiciones que han sobrevivido al tiempo, pues esta celebración se practicaba aún antes de la llegada de los españoles, lo que convierte a Los Huehuentones en una de las tradiciones mexicanas más especiales y llenas de alegría.

 

Los sónidos y  cantos mazatecos “No puede haber celebración sin música, esta es una fiesta y los difuntos deben ser  parte de ella, con todo lo que esto, implique”…

 

Violines, guitarras y tambores resuenan todo el día fungiendo como el principal fondo musical y acompañamiento de Los Huehuentones de todas las edades que son inspirados por lo ancestral de los paisajes, que ya por si solos, con su niebla y con su eco, incitan a la danza frente a las ofrendas que se elevan entre humo de incienso, de copal y de flores que se desbordan entre veladoras gigantes.

 

Los músicos también entonan sus composiciones en lengua mazateca; cantos alusivos a la muerte, a la paz y a la armonía.

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