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Ciudad del Vaticano.- Al papa se lo ponen cada vez más difícil dentro de la Santa Sede para aplicar su mantra: una iglesia pobre para los pobres. 

Si hace unas semanas se llevó las manos a la cabeza al enterarse del ático de lujo de 800 metros cuadrados que el cardenal Tarcisio Bertone se había agenciado en el Vaticano, ahora ha montado en cólera tras conocer que durante la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, el pasado 27 de abril, se organizó una lujosa comida en la terraza del palacio de la prefectura vaticana de Asuntos Económicos. El bufé, con 150 invitados, entre religiosos, políticos y conocidos periodistas, costó 18.000 euros, que fueron financiados por dos empresas. Assidai, un seguro médico, desembolsó 13.000 euros para las sillas y estructuras de madera desde las que los invitados pudieron disfrutar de la espectacular vista de la Plaza de San Pedro, mientras que la petrolera Medoilgas financió la comida con otros 5.000 euros.

El caso fue desvelado por el semanario L´Expresso, que mañana ofrecerá más detalles, aunque las fotos de la fiesta fueron divulgadas ayer en la página de Internet Dagospia. «No puedo revelar lo que ha dicho el Papa. Le he informado y solo puedo decir que no ha quedado muy contento, por usar un eufemismo. Pero puedo asegurar que estos episodios no volverán a producirse», declaró ayer el cardenal Giusseppe Versaldi, presidente de la prefectura de Asuntos Económicos, a una televisión italiana. Versaldi dijo que solo había dado permiso para que algunas personas pudieran acceder a la azotea para asistir a la ceremonia de canonización, pero que nunca la habría otorgado para una fiesta.

 

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