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De la Redacción
EL BUEN TONO 

CÓRDOBA.- Familiares de enfermos que se encuentran hospitalizados en nosocomios de la zona sufren las peripecias y carencias derivadas de la espera, inclusive, durmiendo en el suelo o dentro de sus automóviles, muchas veces sin probar alimento por horas.
Y es que muchos hemos visto al transitar por la avenida 11 a decenas de familias quienes aguardan a las afueras de la hospital número 8 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en este sitio muchas veces el sueño vence a los familiares y ya sea con frío o calor permanecen en espera de buenas noticias respecto a la mejora de sus enfermos.
De la misma manera, en las instalaciones del Hospital General Córdoba antes Yanga, donde se puede apreciar la cantidad de personas apostadas en la entrada, e inclusive, en la zona de estacionamiento intentando descansar. La señora Carmen tiene internado a su hijo desde hace días en este nosocomio debido a una infección estomacal y convulsiones, ella asegura que viene desde Omealca y ha tenido que dormir en el piso.
“Allá a veces no hay ni doctores y tenemos que venirnos con lo básico, porque el pasaje también es caro, imagínese tener que ir y venir; nos cuesta trabajo bañarnos y desayunar, comer y cenar, pero desafortunadamente con las cosas tan caras preferimos gastar lo menos posible”, señaló. 
Desde el inicio de la pandemia, el acceso a los hospitales fue modificado y únicamente una persona puede acceder con el paciente, las restricciones han propiciado que los demás familiares se encuentren desprotegidos a las afueras del edifico. 
“Pues nos la llevamos con atolito caliente y un tamal, eso es lo más barato y pues cuando se puede nos vamos a una fonda para comer algo de comida casera pero es sólo a veces porque está arriba de 40 pesos y en ocasiones somos como 4 familiares”, expresó otro entrevistado.  
De más está decir que el hospedaje en alguno de los hoteles cercanos está fuera de su alcance, por lo que prefieren estar a la intemperie para poder ahorrarse un poco más de dinero ya que en ocasiones hay compras de imprevisto de medicamentos o material de curación que corren por su cuenta. 
Aproximadamente al medio día, las enfermaras nombran en voz alta los apellidos de los pacientes y así las personas acceden para conocer el estado de sus familiares internados. Hay personas que de manera solidaria acuden para repartir comida y café, esto representa un momento de calma para mitigar la zozobra y sobre todo el ayuno.

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