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Agencias

El 5 de marzo, un acto de extrema crueldad sacudió a la población boliviana cuando Cesar Guillermo Tezanos Pinto, condenado por el infanticidio de sus dos hijos de tres y cinco años, fue trasladado a la cárcel de Chonchocoro después de ser dado de alta del hospital Holandés. Su liberación coincidió con el entierro de los pequeños en Ventilla de El Alto, causando indignación y conmoción en la opinión pública.

Durante su traslado, Tezanos Pinto fue objeto de protestas y burlas por parte de los presentes, quienes exigían justicia. A pesar de las críticas, el infanticida mostró una actitud desafiante, sonriendo a la multitud sin mostrar arrepentimiento, lo que generó aún más indignación entre los manifestantes y resultó en heridas a su abogado defensor.

Mientras tanto, en el cementerio Ventilla de El Alto, familiares y amigos daban el último adiós a los pequeños, mientras la madre, visiblemente afectada, clamaba por justicia. El caso de Tezanos Pinto ha puesto de relieve la urgente necesidad de abordar la violencia intrafamiliar en Bolivia y proteger a los más vulnerables de la sociedad, dejando una profunda huella en la comunidad.

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