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Juan López Pérez
El Buen Tono

Córdoba, Ver.– Sin oposición interna y en medio de señalamientos por corrupción, Javier Ramos Bozziere fue reelegido por seis años más como secretario general del sindicato de la CROC de trabajadores al servicio del Ayuntamiento de Córdoba, en un proceso opaco, sin competencia y con una base laboral sometida por el miedo y el control político.

Con la participación de apenas 285 empleados sindicalizados, el dirigente se mantuvo en el cargo tras una convocatoria amañada en la que nadie más se inscribió, lo que confirma la ausencia de democracia interna y el sometimiento de la clase trabajadora ante un liderazgo que responde a intereses personales y de grupo.

Lejos de ocultarlo, Ramos Bozziere presume que en dos semanas se reunirá con el impugnado y líder del cártel inmobiliario y lavador del crimen organizado Manuel Alonso Cerezo; dice que ya pactó y que va a negociar, lo que levanta serias alertas sobre la clase de alianzas que se están tejiendo desde el sindicato que representa a los empleados municipales.

Durante su mensaje, intentó justificar su continuidad asegurando que enfrentó una administración municipal complicada, marcada —según él— por violaciones a derechos laborales y el retraso en el pago de prestaciones. Sin embargo, omitió señalar que su pasividad y complacencia fueron clave para que se mantuviera la política de abuso e imposición contra los trabajadores.

Como supuesto logro, Ramos Bozziere mencionó la entrega de dos mil pesos para uniformes que inicialmente se pretendía cobrar directamente en nómina, pero la mayoría del personal sigue sin contar con mejoras reales, ni representación genuina ante los atropellos

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