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AGENCIA

Sinaloa.- En Sinaloa, la guerra entre carteles y la inacción de las autoridades han dejado un saldo devastador: desapariciones, fosas clandestinas y una crisis forense que evidencia el colapso del sistema de justicia. Mujeres como Reynalda Pulido, quien busca a su hijo Javier Ernesto Vélez Pulido desde diciembre de 2020, han recorrido solas caminos de terror, encontrando cadáveres y restos humanos en distintos puntos del estado.

El caso de Pulido revela la magnitud de la violencia: sicarios reconocen su presencia y la dejan pasar, mientras drones lanzan explosivos en pueblos como El Pozo, convertido en un escenario de casas incendiadas, laboratorios de metanfetamina y fosas clandestinas. Pulido forma parte del colectivo Madres en Lucha, que agrupa a más de 200 familias afectadas por la disputa interna entre “la Chapiza” e hijos de “El Mayo” y “El Chapo”.

Otra madre buscadora, Marisela, sigue rastreando a su hijo Ismael Alejandro Martínez Carrizales, desaparecido en julio de 2020. Tras un año de recorridos por ranchos, parajes abandonados y mensajes anónimos con coordenadas, solo ha podido identificar tres cuerpos de más de 50 hallazgos recientes, debido a la falta de recursos forenses y de personal especializado en genética.

Los datos de la Fiscalía General de Sinaloa muestran un patrón alarmante: el 84% de los desaparecidos son hombres jóvenes entre 18 y 39 años, concentrados en Culiacán, Mazatlán y Ahome. El repunte comenzó en septiembre de 2024, evidenciando que ser hombre, joven y vivir en Culiacán multiplica el riesgo de desaparecer.

Historias como la de Ramiro ilustran el horror: interceptado por sicarios, sobrevivió a un intento de ejecución y vio cómo los cuerpos de sus compañeros eran arrojados a una fosa séptica. María Isabel Cruz Bernal, fundadora del colectivo Sabuesos Guerreras, también ha documentado fosas y restos humanos, trabajando junto a la Marina para rescatar cuerpos pese a la saturación del Servicio Médico Forense.

El panteón 21 de marzo en Culiacán concentra la crisis forense: más de 830 cuerpos sin identificar, algunos de la guerra pasada y otros recientes. La Comisión Estatal de Búsqueda solo pudo rescatar 11 cuerpos en dos semanas, evidenciando la saturación y la insuficiencia de recursos.

A pesar de la violencia, las madres buscadoras siguen desafiando el miedo y la indiferencia de las autoridades, rastreando fosas, levantando restos y documentando la tragedia que Sinaloa enfrenta desde hace años. La ausencia de genetistas, la saturación de morgues y la impunidad refuerzan un escenario en el que la justicia y la seguridad siguen siendo privilegio de unos pocos.

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