México.- El debate que Morena usó como bandera moral en 2017 hoy le explota en las manos. Aquellos mismos cuadros que denunciaron con furia la intención del PRI de imponer a Raúl Cervantes como “fiscal carnal” ahora impulsan, sin rubor alguno, a Ernestina Godoy como la carta más fuerte para encabezar la FGR, pese a su abierta subordinación política a la presidenta Claudia Sheinbaum.
En aquel entonces, Morena acusaba que nombrar un fiscal sin autonomía era un blindaje para Enrique Peña Nieto. Hoy, la historia se repite con el guion invertido: la renuncia de Gertz Manero se hace pública justo después de que Godoy fue colocada estratégicamente en la Fiscalía Especializada de Control Competencial, desde donde —por ley— toma las riendas de la FGR mientras llega el nuevo nombramiento.
Un movimiento quirúrgico que abre la puerta para que aparezca en la lista de aspirantes y, con mayoría morenista en el Senado, avance sin frenos hacia la Fiscalía.
La ironía es brutal: Morena creó el mote de fiscal carnal para destruir la propuesta de Peña Nieto y ahora defiende, promueve y normaliza exactamente lo que tanto cuestionó. La relación de dependencia política entre Sheinbaum y Godoy es mucho más cercana que la que alguna vez existió entre Peña Nieto y Cervantes, pero esta vez el oficialismo calla, mira hacia otro lado y empuja la designación.
El mensaje es claro: cuando fueron oposición, pedían autonomía; cuando son gobierno, buscan control. Lo que antes era un atropello hoy se convierte en “proceso democrático”. Y la pregunta inevitable queda en el aire:
¿algún senador tendrá el valor de romper la línea o todos levantarán la mano sin siquiera pestañear?


