JavaScript must be enabled in order for you to see "WP Copy Data Protect" effect. However, it seems JavaScript is either disabled or not supported by your browser. To see full result of "WP Copy Data Protector", enable JavaScript by changing your browser options, then try again.
PUBLICIDAD
publicidad
PUBLICIDAD

De la Redacción
El Buen Tono

Orizaba.-La separación de tres leones en el complejo de Casavegas no solo evidenció decisiones erráticas en el manejo de fauna silvestre, sino que abrió la puerta a denuncias más graves: maltrato animal, improvisación operativa y abusos contra trabajadores municipales bajo la gestión de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA).
De acuerdo con información recabada, el león trasladado al coliseo —identificado como “Leonel”— habría resultado severamente lesionado durante las maniobras de contención, mismas que fueron ejecutadas sin protocolos claros ni personal capacitado. Testimonios coinciden en que la falta de experiencia de la encargada, Brenda Abaroa Ortiz, así como de quienes participaron en el operativo, derivó en un manejo riesgoso que terminó por agravar la condición del ejemplar.
Trabajadores del Ayuntamiento que participaron en estas labores, bajo condición de anonimato, denunciaron además un entorno de hostigamiento laboral. Señalaron que durante las maniobras la responsable de la UMA se limitó a observar sin intervenir directamente, pero posteriormente —afirman— obligó al personal a firmar documentos de confidencialidad para evitar filtraciones, además de retirarles sus teléfonos celulares durante toda la jornada, en un intento por controlar la información de lo ocurrido.
La reubicación de los animales tampoco siguió criterios técnicos. Mientras uno de los leones permanece en Casavegas, otro fue confinado en una jaula reducida, incluso compartiendo espacio con otro felino, para habilitar un área contigua donde se encuentra la cría de hipopótamo. Esta decisión, lejos de atender el bienestar animal, incrementa el estrés y el riesgo de confrontación entre especies que requieren condiciones específicas de resguardo.
El trasfondo apunta a una cadena de errores que se han acumulado bajo la actual administración de la UMA: reducción drástica en la alimentación de grandes felinos —pasando de 4 o 5 kilos de carne diarios a un solo pollo de baja calidad, incluso con plumas y no de manera constante; suministro de alimentos inadecuados provenientes de desechos; decisiones sin sustento técnico en la distribución de espacios; y prácticas previas señaladas como alimentar especies con materiales no aptos, lo que configura un patrón de negligencia.
Especialistas advierten que este tipo de manejo no solo compromete la salud física de los animales, sino que altera su conducta natural, generando episodios de estrés, agresividad y deterioro progresivo. En ese contexto, la separación de los leones que durante años convivieron sin conflictos se perfila más como una consecuencia de malas decisiones que como una medida preventiva.
El caso no solo cuestiona la capacidad técnica de quienes hoy están al frente de la UMA, sino que exhibe un esquema donde la improvisación, el control de la información y la permanencia de perfiles sin experiencia están teniendo consecuencias directas, tanto en el bienestar animal como en las condiciones laborales del propio personal.

CANAL OFICIAL PUBLICIDAD