Cuando un gobierno inicia entre desechos, normalmente termina igual: enterrado por su propia corrupción
Yessica Martínez
EL BUEN TONO
Córdoba, Ver.– La imagen del primer día del gobierno de Manuel Alonso Cerezo, con montones de basura acumulada en calles, colonias y espacios públicos,es el adelanto de lo que será su administración, marcada desde el inicio por la improvisación, la omisión y la falta de capacidad, bajo la tutela política de Luis Abella Alvarado.
Pese a que la crisis en la recolección de residuos era conocida y previsible,Manuel Alonso y Luis Abella no presentaron un plan emergente, no reforzaron rutas ni activaron acciones inmediatas para evitar el colapso del servicio. El resultado fue evidente: bolsas desbordadas, focos de infección y un municipio abandonado desde el primer día.
La omisión contrasta de manera directa con lo ocurrido en Fortín, donde el gobierno municipal anticipó el problema, adquirió unidades nuevas de recolección, puso en marcha un plan de trabajo integral y evitó que la basura se convirtiera en una crisis urbana y sanitaria. Allá hubo previsión; en Córdoba, negligencia.
Mientras en municipios vecinos se actuó con responsabilidad y planeación, en Córdoba el nuevo gobierno prefirió la pasividad, confirmando que el discurso de “orden y control” no pasó de ser propaganda. La acumulación de desechos dejó claro que no hubo transición efectiva ni voluntad real de atender los servicios básicos.
Si el primer día no pudieron garantizar la recolección, el servicio más básico de un ayuntamiento, difícilmente podrán gobernar un municipio complejo. Córdoba no enfrenta una crisis aislada, enfrenta un gobierno que empezó fallando, un equipo más preocupado por el control político y la caja chica que por resolver problemas elementales.


