

AGENCIA
Tlaltetela.- En el municipio de Tlaltetela, Veracruz, una enfermedad neurológica poco común y altamente discapacitante ha generado preocupación entre la población y el sector salud. Se trata de la ataxia espinocerebelosa tipo 7, un padecimiento hereditario y neurodegenerativo que afecta de forma progresiva la coordinación motora, el equilibrio, el habla, la deglución y, en muchos casos, la visión.
Aunque a nivel mundial la ataxia es considerada una enfermedad rara, con una incidencia aproximada de un caso por cada 100 mil habitantes, en Tlaltetela la situación es atípica. Investigaciones médicas y reportes locales estiman que en este municipio y su zona de influencia existen entre 200 y 300 personas afectadas o portadoras del gen relacionado con la ataxia espinocerebelosa tipo 7, una cifra extraordinariamente alta para una población cercana a los 16 mil habitantes.
Especialistas señalan que esta concentración de casos estaría relacionada con el llamado “efecto fundador”, un fenómeno genético en el que múltiples personas descienden de un antepasado común portador de la mutación responsable de la enfermedad. En Tlaltetela, familias completas han enfrentado el padecimiento durante varias generaciones, con casos documentados tanto en adultos como en menores de edad, incluyendo fallecimientos recientes asociados a las complicaciones de la ataxia.
La enfermedad afecta directamente al cerebelo, región del cerebro encargada del control de los movimientos voluntarios y el equilibrio. Sus primeros síntomas suelen ser dificultades para caminar, torpeza en las manos o problemas del habla, pero con el paso del tiempo la degeneración neuronal avanza, provocando una dependencia casi total y una reducción significativa en la calidad de vida.
Uno de los principales retos es el diagnóstico tardío, ya que los síntomas se hacen evidentes cuando el daño neurológico ya es considerable. Muchas familias han tenido que esperar años y desplazarse fuera del estado o incluso del país para obtener un diagnóstico certero.
Actualmente no existe una cura para la ataxia espinocerebelosa hereditaria. El tratamiento se centra en la atención médica integral, la fisioterapia, la rehabilitación y el acompañamiento psicológico, con el objetivo de retrasar el avance de los síntomas y mejorar las condiciones de vida de los pacientes.
La situación en Tlaltetela ha puesto sobre la mesa la necesidad de mayor atención institucional, programas de detección temprana, asesoría genética y apoyo constante a las familias afectadas por esta enfermedad rara, cuyo Día Internacional de concientización se conmemora cada 25 de septiembre.
