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La desaparición de Susana Beatriz Espinoza Matanche, conocida cariñosamente como Betita, ha dejado a toda una comunidad en luto y conmocionada por la violencia que aqueja a las mujeres en Veracruz. El pasado 27 de febrero, Betita desapareció misteriosamente en la Colonia Reserva Tarimoya II, en el Puerto de Veracruz, tras llevar a su hijo al jardín de niños.

Después de dos semanas de angustiosa búsqueda por parte de sus familiares, la noticia que nadie quería escuchar llegó el 15 de marzo: el cuerpo de Betita fue encontrado sin vida en una barranca al norte de Veracruz. Sus restos estaban dentro de una bolsa, entre montones de basura y madera, un descubrimiento desgarrador que confirmó el peor de los desenlaces.

La trágica noticia desencadenó una oleada de indignación en la comunidad, que se manifestó en una búsqueda frenética por justicia. La familia de Betita recorrió las calles con pancartas, exigiendo respuestas y denunciando la falta de acción por parte de las autoridades.

Betita, una joven madre de 24 años, deja atrás a dos pequeños hijos y a una comunidad devastada por su partida prematura.

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