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De la redacción
El Buen Tono

En un contexto donde la seguridad digital cobra cada vez mayor relevancia, los datos biométricos se han convertido en una pieza central para proteger identidades, cuentas y documentos oficiales. Desde el desbloqueo de un teléfono celular hasta su integración en trámites como la CURP o el sistema Llave MX, esta tecnología ya forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.

La biometría se basa en características únicas del cuerpo o del comportamiento humano, como la huella dactilar, el rostro, la voz o incluso la forma de escribir. A diferencia de una contraseña, estos datos no pueden olvidarse ni prestarse, lo que los vuelve un método de identificación más seguro, pero también más delicado en términos de privacidad.

Los datos biométricos son información digital obtenida a partir de rasgos físicos o conductuales que permiten identificar y verificar la identidad de una persona. Cada individuo posee patrones irrepetibles, lo que hace posible su uso en sistemas de autenticación confiables. Por ejemplo, cuando un dispositivo reconoce una huella o un rostro para autorizar un acceso, está utilizando biometría.

Existen dos grandes tipos de datos biométricos. La biometría fisiológica incluye la huella dactilar, el reconocimiento facial, el escaneo de iris o retina y la geometría de la mano. Por otro lado, la biometría conductual se basa en patrones de comportamiento como la voz, la firma o la forma de teclear y mover el cursor en una computadora.

Su uso se ha extendido a múltiples ámbitos. En la seguridad digital, permite acceder a dispositivos, aplicaciones y servicios bancarios sin contraseñas tradicionales. En el sector financiero, ayuda a verificar la identidad de los usuarios y reducir fraudes. En el ámbito de la salud, facilita la correcta identificación de pacientes y protege los historiales médicos. También es clave en documentos oficiales, como los pasaportes electrónicos, y en el control de acceso a edificios, aeropuertos y zonas restringidas.

Para evitar riesgos, los datos biométricos deben almacenarse de forma cifrada y, en muchos casos, de manera local en los dispositivos, reduciendo la exposición a ataques externos. Además, su manejo está sujeto a controles estrictos, acceso limitado y obligaciones de transparencia por parte de las instituciones que los recopilan.

Comprender qué son los datos biométricos, cómo funcionan y por qué se utilizan es fundamental en una era donde la identidad digital es tan valiosa como la física. Su correcta protección es clave para aprovechar sus beneficios sin comprometer la privacidad personal.

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