

Adriana Estrada
El Buen Tono
Orizaba.- En el silencio de una aguja que atraviesa la tela, las madres del Colectivo de Familiares de Desaparecidos Orizaba – Córdoba encontraron una nueva estructura para enfrentar el duelo. No son solo bordados de chaquira y lentejuela, son “milagritos buscadores”, artefactos de resistencia textil donde el rostro de un hijo ausente se convierte en una plegaria visual y en una exigencia política dirigida al Estado mexicano.
Encabezadas por Araceli Salcedo Jiménez, las integrantes de esta agrupación iniciaron un taller que ha trascendido la mera manualidad para convertirse en un círculo de contención emocional en un país que acumula más de 100 mil personas desaparecidas.
La representante del Colectivo, destacó que en el taller se han ido uniendo más personas, donde además es un espacio para compartir historias, y entenderse una a la otra. “Aquí en el taller, la chaquira no adorna, sostiene; el hilo no decora, entrelaza historias de búsqueda”, describió emotivamente.
El proyecto, que inició como un ejercicio de memoria íntima, está rebasando las fronteras de la región montañosa de Veracruz. Las organizadoras confirmaron que los bordados serán llevados próximamente a un recinto religioso local para ser intencionados, una suerte de bendición simbólica que busca aligerar la ausencia en vísperas del 10 de mayo, una fecha especialmente lacerante para quienes tienen la mesa familiar incompleta.
Pero el destino de estos milagritos no termina en la parroquia. La iniciativa ha captado la atención de la curaduría internacional y varias de estas piezas viajarán a Guatemala para ser exhibidas junto a la galería fotográfica “Una madre nunca olvida”, un trabajo documental que testimonia la espera y el trabajo de todas las buscadoras.
Araceli Salcedo destacó que el taller mantiene sus puertas abiertas a cualquier persona que tenga un familiar desaparecido, sin necesidad de estar afiliada al colectivo, en un intento por tejer una red de apoyo más amplia. Sin embargo, aclaró que detrás de la belleza del bordado y el tintineo de las lentejuelas, se oculta un reclamo férreo a la indolencia institucional, manifestada a través del gobierno federal.
“Es una manera de visibilizar que no se han ido, que no son una cifra congelada en una carpeta. Exigimos que regresen a las estadísticas reales y, sobre todo, que regresen a casa”, finalizó la representante.
