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Efraín Hernández 

El Buen Tono 

CÓRDOBA.-  La festividad de San Valentín en Córdoba no fue el respiro económico esperado, sino la confirmación de un mercado interno asfixiado y planificación comercial que naufragó ante la realidad del bolsillo ciudadano. Las advertencias del economista Raymundo Díaz Mota se materializaron: una “cuesta de enero” que se ha prolongado peligrosamente, aplastando el consumo frente a las obligaciones ineludibles de las familias. Entre los remanentes de los gastos de Reyes y la inminente presión financiera del regreso a clases en los niveles medio superior y superior, el romanticismo comercial quedó relegado a un plano inexistente, evidenciando una fragilidad económica que las autoridades locales parecen no dimensionar.

El panorama en el corazón de la ciudad es el de un espejismo de actividad; aunque las calles registran flujo de personas, el dinamismo se detiene en el umbral de los comercios. En sectores clave como la calle 11, entre las avenidas 2 y 4, la realidad es desoladora para los locatarios, quienes reportan ventas “pulverizadas” y un fenómeno de “consumo de vitrina” donde el cliente pregunta precios, pero no concreta sus adquisiciones. Esta parálisis en el intercambio comercial no es solo una mala racha estacional, sino el síntoma de una erosión del poder adquisitivo que ha convertido una fecha de alto consumo en un recordatorio de la precariedad financiera que domina actualmente.

Asimismo, el fracaso comercial de este 14 de febrero desvela la falta de incentivos y de una estrategia de reactivación que proteja al pequeño comerciante frente a los ciclos escolares y las deudas acumuladas. La advertencia de Díaz Mota sobre el impacto en el mercado interno fue ignorada por una estructura económica local que no ofrece alternativas para mitigar el impacto de los gastos educativos en bachilleratos y universidades. Al final, San Valentín dejó en Córdoba cifras que preocupan más de lo que enamoran, evidenciando que, sin una verdadera política de fomento al consumo y apoyo a la economía familiar, las fechas conmemorativas seguirán siendo solo días de calles llenas y cajas registradoras vacías.

Los artículos han mantenido precios accesibles, como bolsitas de regalo en miniatura a 20 pesos, cajas de bombones a 20 pesos, tazas a 120 pesos, arreglos florales a 120 pesos y peluches a 200 pesos. A pesar de estas tarifas competitivas, los comerciantes coinciden en que la venta ha sido muy baja en comparación con años anteriores.

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