Cuatro días antes de las elecciones en Estados Unidos, algunos periódicos publicaron, en sus portadas o en las páginas interiores las fotografías de dos tragedias. Los retratos provenientes de Estados Unidos exponen los destrozos producidos por Sandy; un día después se observa compungido a Barack Obama abrazando a sus conciudadanos. Las imágenes de España muestran los cuerpos de 15 o 20 jóvenes atrapados en un pequeño túnel tras la histeria desatada por un petardo que estalló en el pabellón Madrid Arena.

Ignoro cuántos muertos dejó en su camino Sandy; las cifras de los muertos en las islas caribeñas son imprecisas; según la prensa, en Estados Unidos, Sandy cegó la vida de 94 personas. La fiesta de Halloween en Madrid, congregó a 9 mil 600 jóvenes en el pabellón Madrid Arena, cuya capacidad es para 3 mil 800 personas; tres asistentes murieron asfixiadas, una jovencita de 17 años dos días después y otra se encuentra hospitalizada en estado crítico. El huracán Sandy es una catástrofe. El Halloween español es una calamidad.

Como en otras ocasiones, las definiciones de los diccionarios son insuficientes. Copio del Diccionario de la Lengua Española dos entradas. Calamidad. Desgracia o infortunio que alcanza a muchas personas. Catástrofe. Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas. Cuando se piensa en Sandy, en los “Sandys”, y en la fiesta del Halloween español, de los Halloweens, ambos conceptos parecen limitados. Hay algo más que serendipia en las calamidades y hay otras circunstancias no ponderables en los sucesos infaustos que devienen catástrofes. Aunque deban modificarse a la luz del daño producido a la atmósfera por los seres humanos, los conceptos de Ernesto Garzón Valdés, sobre calamidad y catástrofe son magníficos. En La calamidad moral del Holocausto (Nexos, número 363, marzo 2008), Garzón explica: “Entenderé por calamidad sólo aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de acciones humanas intencionales, es decir, excluiré los casos que pueden caer bajo la denominación general de la “mala suerte” individual o colectiva…” y “reservaré la palabra catástrofe para designar la desgracia, el desastre o la miseria provocadas por causas naturales que escapan al control humano”. El huracán Sandy devastó por su naturaleza y por la actividad cancerígena del ser humano en la Tierra. La calamidad del Halloween español acabó con cuatro vidas porque, como en otras ocasiones, se priorizó el negocio, la negligencia y el olvido —existen experiencias previas— sobre el valor de la persona.

Sandy devastó no sólo por Sandy sino por las actividades del ser humano contra la Naturaleza y contra sus congéneres. Devastó y mató a muchas personas a pesar de que los científicos anticiparon, aparentemente con precisión matemática, el comportamiento del huracán. Se calcula que la fuerza de Sandy aumentó entre un 5 y un 10% debido al calentamiento global. Aunque creacionistas y similares intenten explicar que el calentamiento global y otros fenómenos son producidos por la Naturaleza, la realidad es otra: Sandy destruyó, Perorullo dixit, por ser huracán y por la contumacia del ser humano. Cuando el ser humano agrede a la Naturaleza las catástrofes dañan y destruyen más. Aunque aún no se comprueba, el cambio climático, al aumentar el nivel del mar, producir olas de calor y sequías, e intensificar las precipitaciones puede incrementar la fuerza de huracanes y tornados. Según la aseguradora Munich Re los desastres meteorológicos y climáticos produjeron, en 2011, daños por mil millones de dólares.

En Madrid Arena murieron tres chicas por aplastamiento; una falleció poco después y otra sigue hospitalizada. La fiesta convertida en tragedia —“calamidad potenciada”— recuerda otros sucesos similares. En 2004, en la discoteca República Cromañon, Argentina, murieron 194 personas y mil 432 resultaron heridas; en 2008, en México, tras un operativo policiaco en la discoteca New’s Divine, murieron asfixiadas 12 personas; en el festival Loveparade, en 2008, en Alemania, fallecieron por aplastamiento 20 personas. El común denominador en todos los sucesos son errores humanos. Esas calamidades podrían evitarse, o disminuirse, si se siguiesen reglas mínimas donde la prioridad fuese la persona y no el negocio que ésta representa para los organizadores o dueños de eventos o locales.

Sandy, de acuerdo con las notas emitidas antes de la elección del 6 de noviembre, encumbró a Obama; su presencia y “los pocos muertos”, reunificaron a demócratas y republicanos en favor de un pueblo unido por la tragedia. Madrid Arena servirá, seguramente, como sucedió en las discotecas (una consumida por el fuego, otra clausurada) y con el festival de Loveparade, para que un político culpe a otro político y para que ambos señalen como responsables a los patrocinadores de los eventos o a los dueños de las discotecas. Como legado de esas tragedias quedan los muertos y los deudos. Con ellos cabalga la furia de la Naturaleza. A su lado están los seres humanos, cuya tozudez potencia las calamidades y exacerba las catástrofes.

 

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