

AGENCIA
Washington.- Los principales socios comerciales de Estados Unidos comienzan a replantear su dependencia del mercado estadounidense frente a las políticas comerciales erráticas y confrontativas del presidente Donald Trump. Canadá se convirtió esta semana en el ejemplo más claro de ese viraje, al concretar un acuerdo con China que reduce de manera significativa los aranceles a productos clave, en una decisión que marca un punto de inflexión en su relación económica con Washington.
El viernes, el gobierno canadiense acordó reducir del 100 al 6.1 por ciento (%) el impuesto a los vehículos eléctricos chinos, a cambio de que Pekín disminuya los aranceles a productos agrícolas canadienses, en particular la canola, que pasará de un gravamen del 84 al 15%. El acuerdo representa un respiro para el sector agrícola canadiense, duramente afectado por las tensiones comerciales de los últimos años.
Para analistas internacionales, el movimiento tiene una carga política y estratégica de gran calado. Edward Alden, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, señaló que se trata de “una enorme declaración de realineación” en la política comercial canadiense. “La amenaza económica de Estados Unidos ahora es percibida como mayor que la de China”, afirmó.
La decisión ocurre en un contexto de creciente hostilidad comercial por parte de Washington. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha impuesto aranceles de dos dígitos a importaciones de casi todo el mundo, además de aplicar medidas específicas contra sectores como el acero, el aluminio y la industria automotriz. Canadá ha sido uno de los blancos frecuentes de estas presiones, pese a ser su principal socio comercial.
En octubre pasado, Trump amenazó con imponer un arancel del 10% a productos canadienses tras una disputa con el gobierno de Ontario, y aunque la medida no se concretó, los gravámenes sobre acero y aluminio siguen vigentes. Ahora, el nuevo acuerdo con China podría provocar represalias adicionales, justo cuando se aproxima la renegociación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
El primer ministro Mark Carney enfrenta así un escenario complejo. Por un lado, el pacto con China abre mercados clave para los productores agrícolas y ofrece acceso a una industria de vehículos eléctricos altamente competitiva. Por otro, incrementa el riesgo de un choque frontal con Washington, que podría afectar gravemente a la economía canadiense, dado que el 75% de sus exportaciones se dirige a Estados Unidos.
La Unión Europea también ha optado por diversificar sus alianzas. Esta semana firmó un acuerdo comercial con el Mercosur y avanza en negociaciones con India, mientras China continúa redirigiendo sus exportaciones hacia Asia y Europa. El resultado ha sido un superávit comercial récord de 1.2 billones de dólares en 2025, pese a la caída de ventas hacia Estados Unidos.
En Canadá, el acuerdo con Pekín ha generado divisiones internas. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, advirtió que la reducción de aranceles a los vehículos eléctricos chinos pone en riesgo a la industria automotriz nacional y podría cerrar el acceso preferencial al mercado estadounidense. “China ahora tiene un punto de apoyo en el mercado canadiense y lo usará a su favor, a costa de los trabajadores canadienses”, señaló.
Carney defendió el acuerdo al subrayar que será limitado y gradual. China solo podrá exportar 49 mil vehículos eléctricos al año bajo el nuevo esquema, cifra que aumentará a 70 mil en un plazo de cinco años. Además, sostuvo que Canadá necesita aprender de las cadenas de suministro chinas para desarrollar una industria propia competitiva en un contexto donde Estados Unidos ha mostrado una postura hostil hacia la transición energética.
El trasfondo del conflicto es más amplio. Trump ha utilizado los aranceles como herramienta política, incluso amenazando a países por razones ajenas al comercio, como ocurrió con Brasil o con las advertencias sobre Groenlandia. Aunque recientemente elogió a Carney por negociar con China, analistas consideran que su reacción real podría traducirse en presiones durante la renegociación del T-MEC.
Para Canadá, el acuerdo con Pekín es una apuesta arriesgada, pero también una señal de que no está dispuesto a quedar atrapado en una relación comercial cada vez más volátil con Estados Unidos. Como señaló el exfuncionario estadounidense William Reinsch, el movimiento “complicará las conversaciones” del T-MEC y probablemente desatará nuevas tensiones, especialmente en el sector automotriz.
Por ahora, Ottawa apuesta a que la diversificación comercial le dará margen de maniobra frente a un socio cada vez más impredecible, aun cuando el costo político y económico de ese giro todavía esté por definirse.
Hizo lo correcto… Es lo que la mayoría de países debe hacer, expandir su economía y aislar al imperio.
Todos los países están libres de hacer negocios y de llevarse bien con todos, no tiene nada de malo, lo malo es lo que hace EEUU que sanciona, bloquea e invade países sin causa alguna.
Todo el mundo esta haciendo algo al respecto para contrarrestar los embates de Trump, mientras que en México sigue fingiendo que no pasa nada.
