

AGENCIA
Internacional.- Un dron militar chino ha operado durante meses sobre el Mar de China Meridional transmitiendo identidades falsas en los radares civiles, haciéndose pasar por aeronaves de distinto tipo y nacionalidad. Analistas de seguridad consideran que se trata de una táctica inédita de engaño aéreo que podría formar parte de un ensayo estratégico ante un eventual conflicto con Taiwán.
El hallazgo fue documentado por la agencia Reuters y confirmado por plataformas de seguimiento aéreo. De acuerdo con los reportes, el aparato no intentaba ocultarse, sino simular ser otra aeronave, cambiando su “disfraz” en pleno vuelo para confundir los sistemas de monitoreo.
El dron fue identificado como un Wing Loong 2, un modelo de gran envergadura que despegaba desde la isla de Hainan. En los radares civiles llegó a aparecer como un carguero bielorruso sancionado, un caza europeo o incluso un avión de origen norcoreano, modificando su identidad varias veces en cuestión de minutos.
Especialistas señalan que no se trató de fallas técnicas, sino de una manipulación deliberada de los códigos de transpondedor, encargados de transmitir posición, rumbo y velocidad. El objetivo habría sido probar hasta qué punto es posible alterar el panorama aéreo en tiempo real y generar confusión en escenarios sensibles.
Varias de las trayectorias se dirigieron hacia el canal de Bashi, un punto estratégico entre Taiwán y Filipinas, además de sobrevolar áreas cercanas a Taipéi y aproximarse a zonas donde existen bases estadounidenses y japonesas en Okinawa.
Diplomáticos y analistas coinciden en que estas operaciones forman parte de las llamadas tácticas de “zona gris”: acciones que no constituyen un ataque directo, pero buscan desgastar, intimidar y poner a prueba capacidades defensivas. Aunque los radares militares avanzados difícilmente serían engañados por completo, la confusión podría retrasar decisiones críticas en los primeros minutos de una crisis.
El patrón observado sugiere que el objetivo no era solo vigilancia, sino ensayar un escenario de mayor escala en el estrecho de Taiwán. Según expertos, en un conflicto moderno, algunos segundos de duda pueden marcar la diferencia entre una respuesta coordinada y una reacción tardía.
La estrategia no radica únicamente en la tecnología del dron, sino en el uso sistemático del engaño digital. Durante ocho meses, el aparato emitió señales falsas con aparente impunidad, alternando identidades para probar la reacción de los sistemas de seguimiento.
En un contexto internacional marcado por tensiones crecientes en distintas regiones del mundo, este episodio refuerza la preocupación sobre nuevas formas de confrontación híbrida, donde la desinformación y la manipulación tecnológica pueden convertirse en la antesala de una crisis militar abierta.
