

De la redacción
El Buen Tono
La madrugada del domingo, un operativo de precisión en Tapalpa, Jalisco, terminó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del crimen organizado más buscado por la DEA. Su muerte no significa el fin de la organización, sino el inicio de un periodo de incertidumbre y posibles conflictos internos.
El grupo opera como una “empresa criminal” con un modelo descentralizado que permite la continuidad de sus operaciones aun sin su líder. Sin embargo, con varios mandos históricos detenidos o neutralizados, la sucesión en la cúpula es incierta. Rosalinda González Valencia, “La Jefa” y viuda de “El Mencho”, mantiene autoridad moral y económica, pero carece de perfil operativo. Por su parte, los líderes regionales podrían buscar mayor autonomía, aumentando el riesgo de fragmentación y violencia.
Expertos coinciden en que la muerte de “El Mencho” representa el golpe más importante al crimen organizado en México en años, pero advierten que la lucha por el control financiero y territorial podría intensificar los enfrentamientos en varios estados del país. La reorganización de esta “empresa criminal” será decisiva para determinar si mantiene su poder o si la violencia se agudiza.
