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Alejandro Aguilar

El Buen Tono

Región.- En el marco del Día de la Lengua de Señas Mexicana (LSM) como patrimonio lingüístico nacional, en municipios como Córdoba la celebración se tiñe de desdén institucional. Las 2,201 personas con discapacidad auditiva registradas en el municipio enfrentan una paradoja amarga: su lengua es patrimonio de la nación, pero sigue sin espacio en las políticas públicas locales.

El contraste no podría ser más agudo. Este día debería marcar avances concretos en inclusión, sin embargo, la comunidad sorda ha sido relegada a la indiferencia. El testimonio de Lili Medina, madre de una niña con discapacidad auditiva, refleja la urgencia ignorada: “La lengua de señas es fundamental para que nuestros hijos puedan expresarse”.

Los números dimensionan la magnitud del abandono: 633 personas sordas en Córdoba carecen de afiliación a servicios de salud. Pero la exclusión va más allá de las estadísticas. En 2022, la última marcha reivindicativa en la ciudad terminó en promesas incumplidas. Solicitaciones reiteradas al alcalde Juan Martínez para usar la biblioteca municipal como centro de enseñanza de LSM fueron desoídas. 

Intentos de diálogo con la regidora Leticia Luz se evaporaron en llamadas no devueltas, según testimonios documentados en redes.

No hay talleres públicos de sensibilización, ni intérpretes en dependencias municipales, ni siquiera señalética básica en edificios gubernamentales.

Por otra parte, representantes de la comunidad sorda cordobesa han sido invitados a conmemorar este aniversario en municipios vecinos, Orizaba o Ixtac, se especula, serán los anfitriones que Córdoba rehúsa ser.

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