

AGENCIA
Hanói, Vietnam.- La guerra en Medio Oriente, marcada por el bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, ha comenzado a impactar directamente al campo a nivel mundial, provocando escasez de fertilizantes, aumento en costos de producción y riesgos crecientes para la seguridad alimentaria.
El conflicto, derivado de los ataques de Estados Unidos e Israel, ha reducido drásticamente el tránsito marítimo en esta zona clave, por donde normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial y casi un tercio del comercio global de fertilizantes.
El resultado inmediato ha sido el encarecimiento del combustible y una disminución crítica en el suministro de insumos agrícolas, especialmente nitrógeno y fosfatos, esenciales para el crecimiento de los cultivos. La interrupción ha afectado particularmente a la urea, el fertilizante más utilizado a nivel global, cuyo comercio se ha reducido en aproximadamente 30%.
De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos, esta situación ocurre en un momento crítico, justo al inicio de las temporadas de siembra en diversas regiones, lo que podría traducirse en menores rendimientos y malas cosechas en los próximos meses.
En países en desarrollo, el impacto es aún más severo. Regiones como África y Asia dependen en gran medida de fertilizantes importados del Golfo Pérsico. En naciones como Etiopía, donde más del 90% del fertilizante nitrogenado proviene de esa zona, ya se reportan problemas de abastecimiento.
Testimonios de agricultores reflejan la gravedad del escenario. En Punjab, India, productores advierten que sin subsidios gubernamentales muchos pequeños agricultores no podrán sostener sus actividades cuando la demanda alcance su punto máximo.
La crisis también se extiende a economías desarrolladas. En Europa y Estados Unidos, donde ya inició la temporada agrícola, los productores enfrentan costos más altos y menor disponibilidad de insumos, lo que podría obligarlos a reducir el uso de fertilizantes o cambiar a cultivos menos demandantes, con el consecuente impacto en la producción.
Especialistas advierten que incluso retrasos mínimos en la aplicación de fertilizantes pueden reducir significativamente los rendimientos. En algunos casos, como el maíz, una demora puede traducirse en pérdidas de hasta 4% por ciclo agrícola.
El problema se agrava por limitaciones en la oferta global. China, principal productor de fertilizantes, ha priorizado su mercado interno, mientras que Rusia opera cerca de su capacidad máxima, lo que reduce la posibilidad de compensar el déficit.
A nivel económico, el encarecimiento de los insumos y la reducción de rendimientos podrían trasladarse directamente al consumidor, elevando los precios de los alimentos en los próximos meses.
Aunque Organización de las Naciones Unidas ha impulsado acuerdos para permitir el paso de ayuda humanitaria y suministros agrícolas por el Estrecho de Ormuz, la incertidumbre persiste. Analistas advierten que, incluso si el conflicto cesa, los costos logísticos y de seguros podrían mantenerse elevados.
El escenario actual pone en evidencia la fragilidad del sistema alimentario global, altamente dependiente de cadenas de suministro estables y de insumos estratégicos. Para especialistas, esta crisis podría marcar un punto de inflexión hacia modelos agrícolas más resilientes, pero en el corto plazo representa una amenaza directa para millones de productores y consumidores en todo el mundo.
Antes de que EEUU e Israel se les ocurriera atacar a Irán, el paso por el Estrecho de Ormuz era libre; el “Efecto Mariposa” nos va a pegar tarde que temprano y ningún discurso oficialista nos va a salvar.
