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Adriana Estrada

El Buen Tono

REGIÓN.- A más de un año de haberse declarado la emergencia sanitaria nacional por el gusano barrenador, la erradicación de la plaga sigue siendo lejana. Lejos de contenerse, los casos continúan en ascenso, lo que ha desatado un profundo descontento entre los productores ganaderos. Estos denuncian que las autoridades federales han priorizado los trámites burocráticos y la sobrerregulación por encima de acciones operativas directas y efectivas en el campo.

Francisco Quintana, director del Grupo Promotor del Cerdo Mexicano, ha señalado a los titulares de la Sader y el Senasica, Julio Verdegué y Javier Calderón, respectivamente. Los acusa de actuar con irresponsabilidad bajo “simulación institucional”. Según el líder gremial, la estrategia gubernamental actual ha fallado al no fortalecer la vigilancia epidemiológica en el territorio, permitiendo que la enfermedad prolifere sin control real.

Uno de los puntos críticos de la denuncia radica en la ineficiencia de los puestos de verificación federal. Los productores afirman que estos centros se han transformado en “cuellos de botella” que entorpecen la comercialización y el flujo logístico del sector. Sin embargo, recalcan que, mientras estos puntos frenan el comercio nacional, han demostrado ser incapaces de detener el avance de la mosca hacia nuevas regiones.

Las cifras oficiales respaldan la gravedad de la situación: al corte de febrero, se acumulan más de 2,150 casos de gusano barrenador en Veracruz, posicionándolo como el segundo estado con mayor incidencia. Aunque el ganado bovino es el más afectado, la porcicultura estatal registra 24 casos confirmados. Esta expansión ha puesto en alerta a municipios como Alto Lucero, Tepetlán y Úrsulo Galván, considerados “línea de fuego” de la infección.

Además, la crisis ha alcanzado la región de las Altas Montañas, con reportes en Ixtaczoquitlán, Orizaba, Córdoba, Fortín y Zongolica. La respuesta institucional ha sido insuficiente, limitándose a una sola sesión de capacitación por municipio. Ante este vacío, los criadores han tenido que implementar protocolos de “cero heridas”, enfocándose en la curación de ombligos, castraciones y descoles para proteger a sus animales.

El sector productivo exige un cambio radical en la estrategia de contención. Las demandas incluyen la liberación de moscas estériles, distribución de larvicidas y coordinación interinstitucional auténtica. Los ganaderos advierten que, de no sustituirse la burocracia por acciones concretas de campo, la crisis sanitaria podría profundizarse con consecuencias económicas devastadoras para la región.

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