

Sandra González
EL BUEN TONO
Orizaba, Ver.- La violencia que cobró la vida de dos maestras en Michoacán a manos de un adolescente de 15 años no sólo expone un hecho aislado: Desnuda una fractura social que, aunque incómoda, pocas instituciones están dispuestas a asumir de frente.
Desde la Diócesis de Orizaba, el vocero Helkyn Enríquez Báez advirtió que reducir el caso a un problema psicológico individual es una salida fácil que evade responsabilidades más profundas. Lo ocurrido -dijo- debe leerse como el síntoma de un entorno donde la soledad, el abandono emocional y la falta de acompañamiento a los jóvenes se han normalizado. “El análisis no puede quedarse en lo clínico; estamos frente a una realidad social deteriorada que está formando generaciones sin contención ni dirección clara”, sostuvo.
