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De política y cosas peores

Superiberia

“¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?”. Esa pregunta le hizo el nieto mayor a su abuelo. Con un suspiro respondió el señor: “Hijo: creo que nunca lo tuve”. “¿Cómo es posible? –se asombró el muchacho-. Fuiste padre de ocho hijos y dices que nunca tuviste sexo?”. “Ah, sexo –replicó el abuelo-. Sexo tuve anoche. Yo oí ‘seso’”… Babalucas fue a una tlapalería. Linda palabra mexicana es ésa: “tlapalería”. Viene del náhuatl “tlapalli”, que significa color para pintar, lo que antes se vendía principalmente en las tlapalerías. Babalucas le dijo al dueño del negocio: “En mi casa anda un ratón. ¿Tiene algún veneno para acabar con él?”. “Tengo éste muy bueno –contestó el de la tlapalería al tiempo que le mostraba un polvo blanquecino-. Póngaselo en el agujero”. Preguntó, receloso, el tontiloco: “¿Y qué efecto tendrá sobre el ratón si me lo pongo ahí?”… Ya conocemos a Capronio. Es un tipo incivil e inurbano. Ayer vio a su esposa ocupada en tejer con agujas. Le preguntó: “Qué haces?”. Respondió la señora: “Te estoy haciendo un suéter de lana virgen para que estés calientito en el invierno”. Sugirió el tal Capronio. “Estaré más calientito si me lo haces de lana p…”… “¡Haiga cosas!”, dice la gente del Potrero para mostrar asombro o admiración. Doña Vinda, que tiene 50 años, salió embarazada. “¡Haiga cosas!”. El hijo de don Zenón y la hija de doña Blasa se andan divorciando, y apenas llevan seis meses de casados. “¡Haiga cosas!”. Se le murió de viejo el burro al Fili, y lo hizo carne seca. “¡Haiga cosas!”. Sucedió ahora que una familia del rancho fue a una boda en la ciudad, y el papá y uno de los hijos regresaron con el virus. Los lugareños, temerosos del contagio, ven ahora como leprosos a todos los de esa casa. Dijo uno de los rancheros, indignado: “¡Deberían mocharles la cabeza por traernos aquí a ese animal!”. Los de la familia tomaron al pie de la letra las palabras, y están firmemente convencidos de que el pueblo, en asamblea comunitaria, acordó decapitarlos. Están atrincherados en su jacal, el padre armado con un viejo rifle Mendoza calibre .22, la mamá esgrimiendo el hacha de la leña y los hijos e hijas con machetes y cuchillos. Ya llevan así más de una semana. Como se ve, en el Potrero la curva de la pandemia no se ha aplanado. Y creo que en ninguna parte. ¡Haiga cosas!… Dulcibella le dijo a Falacio, su novio: “El anillo de compromiso que me diste no es de oro. Me pintó el dedo de verde”. Replicó el avieso galán: “¿Acaso no has oído hablar del oro verde?”. (¡Mentecato! Tal era el nombre que recibía antiguamente el henequén de Yucatán. Eres más falso tú que el mismo anillo)… Tres empresarios pasaron a mejor vida el mismo día. Los tres fueron a parar en el infierno, no por razón de su oficio sino por la conducta que habían observado en sus empresas. Luzbel llamó al primero y le dijo: “Veo en tu expediente que dejaste de pagar 50 millones al fisco. En castigo pasarás aquí 50 millones de años acompañado por esta mujer”. Y le mostró a una horriblemente fea. Exclamó con enojo el empresario: “¡Malditos impuestos!”. Llamó el diablo al segundo y le informó: “Veo en tu expediente que dejaste de pagar 100 millones al fisco. En castigo pasarás aquí 100 millones de años en compañía de esta mujer”. Y le presentó a otra cuya fealdad espantaba. “¡Malditos impuestos!” –farfulló el condenado. En eso apareció el tercer empresario. Los otros dos se quedaron atónitos al ver que iba acompañado por una hermosísima mujer de bello rostro y atractivas formas. Al pasar junto a ellos la mujer masculló hecha una furia: “¡Malditos impuestos!”… FIN.

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La vacuna… como anillo al dedo