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México.- Los recientes movimientos de Estados Unidos hacia México no responden a impulsos ideológicos ni a decisiones improvisadas, sino a una conclusión técnica: Washington dejó de ver a México como un socio con problemas de gobernabilidad y comenzó a observarlo como un Estado cuya infraestructura fue capturada por redes criminales. Así lo plantea el análisis de Simón Levy, quien sostiene que las grandes obras impulsadas durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador carecieron de viabilidad económica real y respondieron más a una lógica operativa del crimen organizado que a proyectos de desarrollo: aeropuertos sin pasajeros, trenes sin carga y corredores estratégicos funcionales para el trasiego de drogas, combustibles y flujos ilícitos.

Bajo esta lectura, Estados Unidos dejó de interpretar estas obras como fracasos administrativos y comenzó a identificarlas como plataformas logísticas, lo que transformó el problema mexicano en un riesgo hemisférico. A partir de ahí, la estrategia fue secuencial y jurídica, no política: capturas clave como las de Ovidio Guzmán, el Mayo Zambada y los hijos del Chapo no fueron hechos aislados, sino piezas de un caso mayor, sustentado en rutas, flujos financieros y decisiones de Estado. Cada detención no cerró expedientes; los convirtió en testimonios estructurales.

El análisis también vincula este proceso con el reordenamiento geopolítico global impulsado por Estados Unidos, particularmente el aislamiento de Irán y la redefinición de esferas de influencia con China y Rusia. En ese contexto, México —al igual que Venezuela— habría cometido un error estratégico al alinearse con actores considerados hoy amenazas centrales para Washington. El resultado no sería una intervención militar, sino una asfixia económica, presión financiera, aislamiento logístico y exposición penal internacional, mecanismos más efectivos y devastadores.

La conclusión es contundente: cuando un Estado permite que el crimen organizado se convierta en el poder real, pierde soberanía y se transforma en un problema internacional. Para Levy, Morena no enfrenta un desgaste electoral, sino el colapso de su arquitectura de poder, al haber sustituido la gobernabilidad por encubrimiento y la legalidad por narrativa. Estados Unidos no tiene prisa —advierte— porque el proceso ya está en marcha: las rutas están mapeadas, los expedientes armados y el desmontaje avanza pieza por pieza.

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