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Efraín Hernández
El Buen Tono

Ixhuatlancillo.– Fernando Ochoa Vergara entregó esta semana su informe de labores, pero lo único que dejó fue incertidumbre y decepción. Sin cifras, sin detalles concretos y sin resultados verificables, su mensaje se convirtió en un discurso hueco que evidenció la falta de compromiso con la población.
Aunque presumió que solamente resta concluir la electrificación en el Rancho San Isidro, el alcalde no explicó montos invertidos, plazos de ejecución ni impactos reales de su gestión. Sus palabras sobre drenaje, alumbrado y pavimentación fueron generalidades que no demuestran avance alguno, reflejando un gobierno más preocupado por la apariencia que por la eficiencia.
En el mismo informe, aseguró que la transición con la nueva administración será “sin conflictos”, sin aclarar cómo abordará los pendientes administrativos ni los proyectos inconclusos. La ausencia de información concreta muestra improvisación y desinterés por dejar un legado responsable y con la incertidumbre en la población sobre el manejo de los recursos, donde se prevé haya corrupción.
Respecto al personal municipal, destacó que no habrá recortes, pero tampoco ofreció garantías ni seguimiento a los trabajadores que concluirán funciones junto con él, exponiendo nuevamente la falta de planeación y supervisión.
Finalmente, su despedida agradeciendo el “respaldo ciudadano” no oculta la realidad: un gobierno marcado por la opacidad, el silencio y la ausencia de resultados, claro reflejo de la corrupción. Ochoa Vergara deja un municipio con promesas incumplidas y un historial que difícilmente podrá defender.

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