

EL BUEN TONO
Ixhuatlancillo.- La administración municipal de Ixhuatlancillo, encabezada por José Manuel González Nicolás, vuelve a exhibir lo que ciudadanos califican como un gobierno marcado por abusos, corrupción y total impunidad.
Este fin de semana, en pleno desarrollo de la feria patronal en honor a San José, el Director de la Unidad Municipal de Protección Civil, Rigoberto Hernández, fue detenido por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, mientras conducía una ambulancia en estado de ebriedad.
No solo eso: durante la inspección, los uniformados detectaron signos evidentes de desorientación, presuntamente relacionados con el consumo de sustancias tóxicas.
El hecho, de por sí grave, escaló aún más cuando familiares del funcionario y sus acompañantes activaron de inmediato la red de influencias. El propio alcalde José Manuel González Nicolás, habría intervenido para solicitar el ya conocido “paro”, en un intento de evitar que su colaborador enfrentara las consecuencias legales correspondientes.
Para los habitantes de Ixhuatlancillo, esto no es un hecho aislado, sino la confirmación de un patrón: uso faccioso del poder, protección a funcionarios irresponsables y un gobierno que, lejos de servir, se sirve del cargo.
Las acusaciones contra la administración no son nuevas; señalamientos por presunto desvío de recursos, favoritismo en la entrega de apoyos sociales, abandono de los servicios públicos y denuncias por maltrato animal ya habían encendido la inconformidad social. Sin embargo, este nuevo episodio golpea directamente la credibilidad de una corporación que debería salvaguardar la vida de la población.
Vecinos han denunciado reiteradamente que en Protección Civil se ha normalizado que los elementos trabajen en condiciones inapropiadas, bajo la tolerancia y complicidad de su propio director. Hoy, los hechos parecen darles la razón.
La gravedad del caso no solo radica en que un funcionario encargado de atender emergencias conduzca en estado inconveniente, sino en el intento de encubrimiento desde el propio gobierno municipal, lo que deja al descubierto un preocupante manto de impunidad.
Hasta ahora, el Ayuntamiento guarda silencio. Pero en Ixhuatlancillo, el hartazgo ciudadano crece y la pregunta es cada vez más fuerte: ¿quién protege a la población de quienes deberían protegerla?
