DE LA REDACCIÓN
El Buen Tono
Orizaba.– Tras la muerte de “Skippy”, el canguro que estuvo albergado en la UMA de Orizaba, la versión oficial del alcalde Juan Manuel Diez Francos quedó en evidencia. Primero, aseguró que denunciaría reporteros y a El Buen Tono acusándolos de participar en el envenenamiento del animal. Sin embargo, semanas después fueron los medios municipales quienes publicaron la información donde confirman que el personal del Ayuntamiento es el único responsable de comprar, preparar y suministrar los alimentos de los animales.
La contradicción es un balde de agua fría: mientras Diez Francos intenta culpar a terceros para deslindarse de su mala administración, su persona del gobierno lo dejó sin argumentos, mostrando que todo lo relacionado con la alimentación y cuidado del canguro estaba bajo su control. Es decir, si hubo negligencia o descuido, la responsabilidad es enteramente municipal.
Además, este caso exhibe algo más grave: la falta de personal capacitado para el cuidado y preservación de las especies en la UMA. Lejos de garantizar condiciones profesionales y seguras, el ayuntamiento parece tratar a los animales como un mero atractivo turístico, un negocio más, sin la mínima seriedad que exige la conservación de la fauna.
No es la primera vez que el alcalde recurre a señalamientos infundados para evadir responsabilidades; en meses pasados aseguró tener pruebas de que José Abella lo extorsionaba, pero nunca mostró nada.
Hoy, la evidencia proviene de su gobierno, dejando en ridículo su intento de culpar a otros por lo que sucede bajo su mando.


