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Para nadie es un secreto, nuestro profundo apego al pasado; observe usted a sus cercanos -amigos, colegas y familiares-, y fácilmente lo comprobará. Ayer, “todo era mejor y más barato”; hoy, las cosas empeoran a una velocidad sorprendente y el futuro, de eso mejor ni hablamos, nos asusta. 

Una buena parte de nuestra vida diaria, está marcada por la adoración ciega del pasado; nuestro apego a ese tiempo ido, es resultado de seguir esa guía universal que es viejo apotegma (“dicho breve y sentencioso”) que a la letra dice:“Todo tiempo pasado fue mejor”.

Una característica que nos separa de los países que han realizado grandes transformaciones estos últimos 40 ó 50 años, radica precisamente en esa adoración; mientras allá el tiempo reverenciado es el futuro y la decisión de construirlo, aquí estamos en las antípodas (“en lugar o posición radicalmente opuesta o contraria”), adoramos el pasado y rechazamos el futuro.

En México y dos o tres países de América Latina, es el pasado y en no pocos casos el antepasado, lo que nos ilusiona; vendemos, sin la menor aclaración que justificare el despropósito, el pasado como el mejor de los futuros.

La lista de personalidades aquí y en los países que han hecho de la promoción del pasado y su reedición como la panacea, es larga; si empezaremos con lo que queda de los Castro, siguiéremos con Cárdenas (El menor) y

López para acabar con Ortega, Morales, Correa, Maduro y Fernández, dejaríamos de lado a cientos de miles de “intelectuales” y políticos que han hecho del pasado y su reedición, la razón de su vida.

Cada país tiene ciertos espacios, donde se practica la adoración del pasado; cada uno de ellos podría considerársele, sin temor a equivocarnos, un templo donde se practica la nueva religión que tiene al pasado como Dios omnipresente y omnipotente. En México, uno de esos templos es el Congreso, y su medio de difusión y adoctrinamiento, es el Canal del Congreso.

Si usted es de los que comulgan con aquel apotegma de que“todo tiempo pasado fue mejor”, por favor no pierda tiempo; sintonice el Canal del Congreso, y trasládese de inmediato a los dorados años de los gobiernos de Ruiz Cortines y López Mateos.

Para empezar a familiarizarse con esas épocas, los mejores programas son -sin duda alguna, las comparecencias de los secretarios ante el pleno o comisiones; ahí verá un festín digno de aquel viejo programa del túnel del tiempo.

Le prevengo; lo único moderno que verá usted en las comparecencias que menciono arriba, es la vestimenta; en las damas, las bolsas de marca y el foulard -también de marca, por supuesto- son obligados y en los caballeros, traje y camisa cortados a la medida y la corbata tipo regimiento pues deben ir con la moda del nuevo gobierno.

Todo lo demás que le entregue la transmisión, despedirá un olor a naftalina tan fuerte, que su aparato de televisión quedará impregnado del mismo durante algunos días.

Como prueba del carácter de templo de la nueva religión dedicada a la adoración del pasado que es el Congreso de la Unión, vea por favor las comparecencias de Robles, Osorio y Videgaray. Le sorprenderá que los que dicen que van a sentar las bases del futuro de México, se vean y hablen como si estuviéremos en Donceles y Xicoténcatl, allá por los años sesenta.

Si tanto pasado le cansare, vea por favor -de Cantinflas-Si yo fuera diputado; de hacerlo, vería que el pasado era ameno, no como lo es ahora.

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