AGENCIA
Coahuila.- A pocos días de la jornada electoral del 7 de junio, la operación territorial de Morena en Coahuila enfrenta señales de desgaste, desánimo y cuestionamientos por presuntas prácticas de promoción anticipada que vuelven a colocar bajo la lupa el comportamiento de los partidos políticos durante los procesos electorales.
De acuerdo con testimonios atribuidos a operadores y legisladores vinculados a la estrategia electoral, desde abril se desplegó una amplia estructura integrada por diputados federales de Morena y del Partido del Trabajo con el objetivo de promover a los candidatos guindas que buscan las 25 diputaciones locales en disputa.
Sin embargo, más allá de los pobres resultados reportados por los propios participantes, el caso evidencia una problemática recurrente en la política mexicana: el arranque anticipado de campañas y la movilización de estructuras partidistas mucho antes de los periodos formales de promoción electoral.
Las denuncias sobre brigadas casa por casa, levantamiento de datos personales de ciudadanos, reparto de propaganda y presuntos incentivos económicos para obtener credenciales de elector reflejan una dinámica que dista de la competencia democrática basada en propuestas y debates públicos.
Según versiones difundidas por integrantes de la propia operación, algunos promotores ofrecían mil pesos a ciudadanos que lograran reunir 15 credenciales de elector, una práctica que, de confirmarse por las autoridades electorales, podría representar un motivo de preocupación por su posible impacto en la equidad de la contienda.
La situación también pone en evidencia el enorme gasto político que generan estas estrategias. Legisladores habrían destinado recursos propios para financiar brigadas, movilización y promoción electoral, en una operación que varios participantes describen como desgastante y con escasas posibilidades de éxito.
Paradójicamente, mientras los ciudadanos enfrentan problemas relacionados con seguridad, empleo, servicios públicos e infraestructura, los partidos continúan destinando tiempo y recursos a estructuras electorales permanentes que operan prácticamente durante todo el año.
Las declaraciones de operadores que aseguran haber encontrado rechazo ciudadano revelan además un creciente cansancio social hacia las campañas adelantadas y los métodos tradicionales de promoción política. Para muchos ciudadanos, la presencia constante de brigadistas y operadores electorales representa más una molestia que un ejercicio efectivo de participación democrática.
La crisis interna provocada por los recientes cambios en la dirigencia nacional de Morena terminó por profundizar el desánimo entre quienes participaban en la estrategia. Sin embargo, más allá de las disputas partidistas, el episodio abre nuevamente el debate sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia electoral y garantizar que los tiempos de campaña sean respetados por todas las fuerzas políticas.
La anticipación de campañas, la movilización permanente de estructuras y el uso de mecanismos cuestionados para captar simpatizantes continúan siendo prácticas que erosionan la confianza ciudadana. Mientras los partidos se concentran en ganar elecciones cada vez con mayor anticipación, una parte importante de la población sigue esperando respuestas a los problemas que afectan su vida cotidiana.
