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De la redacción

El Buen Tono

En diciembre de 2025, Luisa María Alcalde, entonces presidenta nacional de Morena, declaró sin el menor pudor: “En siete años, Morena no ha tenido ni un solo caso de corrupción; no le hemos fallado al pueblo”.

Hoy, en mayo de 2026, con Morena sumida en los mayores escándalos de corrupción que ha enfrentado, esa frase se ha vuelto la prueba más clara del doble discurso, la arrogancia y la hipocresía de Luisa María Alcalde.

La misma dirigente que presumía pureza y “cero corrupción” fue removida de la presidencia nacional de Morena en abril de 2026, en medio de fuertes críticas, malos resultados y un creciente desprestigio.

Se le acusa de haber sido una de las principales responsables de vender candidaturas a políticos vinculados con el CO. Según los señalamientos, junto con Andy López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, incluso le vendieron la candidatura a Manuel Alonso Cerezo en Córdoba, Veracruz, sin pasar por encuesta alguna, a pesar de los señalamientos de que era un lavador de dinero.

Aquellas palabras altisonantes de diciembre de 2025 ahora suenan como una burla descarada al pueblo mexicano. La entonces presidenta de Morena negó cualquier rastro de corrupción mientras, según las acusaciones, operaba uno de los esquemas más sucios: traficar con las candidaturas a cambio de dinero, metiendo a personajes fuertemente cuestionados y vinculados a actividades ilícitas.

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