Los recursos para su publicidad los pagan los cordobeses
De la Redacción
El Buen Tono
El falso historiador que facturó 250 mil pesos como “asesor cultural” de Leticia López hoy se arropa en el feminismo para seguir viviendo del erario, mientras las carpetas por violencia de género contra él siguen engrosando archivos sin que nadie lo toque.
Maricruz llevó una vida de terror al lado de Carlos Vergara Sánchez. No es un señalamiento al vapor: el expediente ministerial 610/06, la Causa Penal 108/07 y el Juicio Ordinario Civil 164/2007 lo documentan con lujo de detalle. Vergara no solo golpeó constantemente a Maricruz, sino que intentó arrebatarle a su hija en una vil revancha por haberlo denunciado.
Esa es la verdadera historia y primera etapa de Carlos Vergara. Un bribon que usó su puño contra una mujer y después, cuando la justicia lo acechaba, recurrió a las argucias legales para salvarse. El mismo que golpea, el mismo que extorsiona, el mismo que hoy se presenta como víctima.
El mercenario de la pluma que cambia de amo según el presupuesto
Carlos Agustín Vergara Islas no es historiador. El Registro Nacional de Profesionistas lo desnud: no existe título que lo acredite como comunicólogo ni como historiador. Es, en el mejor de los casos, un pasante que ha usurpado ambas profesiones para vivir del chantaje y la ilegalidad.
Fue el principal adulador de Leticia López Landero, quien lo puso como “asesor cultural” y le permitió facturar más de 250 mil pesos en un solo año. Cuando ella cayó, no dudó en cambiar de amo y ponerse a las órdenes de Juan Martínez.
Hoy, el mismo Vergara que lambisconeaba a la panista se refugia en el gobierno de Manuel Alonso Cerezo, que lo mantiene en el padrón de proveedores como un favor más.
Su único oficio es la supervivencia política. Su única lealtad es al dinero público. Un mercenario de la pluma que vende su columna al mejor postor.
