Militantes de un grupo de autoayuda, relatan cómo el acompañamiento entre pares las sostuvo tras la muerte de una hermana y de un padre.
Alejandro Aguilar
El Buen Tono
Córdoba, Ver.- A unas semanas de la celebración, dos mujeres relatan cómo la escucha entre pares les ha permitido nombrar la ausencia, llorar sin juicios y recordar a sus seres queridos sin aislarse. La religión no es el único sostén: la comunidad también puede serlo.
En unas semanas, Daniela colocará en la ofrenda las cosas que le gustaban a su hermana. Irá a su tumba. Lo hará con la ausencia a cuestas, pero también con algo que antes no tenía: un grupo que la escucha. “Son cosas que su ausencia sigue doliendo, pero que hoy ya las puedo hacer”, dice.
Su historia y la de Mariana muestran un ángulo poco frecuente del duelo: también se enfrenta en grupo. No desde la receta religiosa ni desde el consejo profesional, sino desde la palabra de otros que han pasado por algo parecido.
Las dos son militantes del Movimiento de Buena Voluntad Neuróticos Anónimos. Las dos hablan de la muerte sin rodeos, de la fecha que se acerca y de lo que significa recordar cuando alguien ya no está.
Daniela llegó a la agrupación por celos, depresiones e ira. Con el tiempo, esas emociones fueron cediendo. Hace tres años enfrentó la muerte de su hermana, quien murió de cáncer terminal. “Ella de repente se enfermó y fueron cuatro meses… yo la estuve cuidando… es muy doloroso ver a alguien con esa enfermedad, con los dolores del cáncer, y después verla partir”, relata. El grupo, asegura, le dio la capacidad de estar a su lado hasta el último momento. “Los compañeros siempre encontré su apoyo, siempre me escuchaban para poder ir y estar ahí con ella”. Hoy dice sentirse tranquila y en paz. “La tranquilidad está dentro de mí”, afirma.
Mariana vive un duelo más reciente. Su padre falleció hace aproximadamente un año y medio, de forma repentina, luego de casi un mes y medio de hospitalización. “Nadie quiere ver a su familiar enfermo, mucho menos hospitalizado, y vivir todas esas cosas en donde no sabes si va a vivir o va a morir: esa angustia, esa ansiedad, ese momento de que quisiera salvar a tu ser querido”, comparte. En su caso, el grupo fue un espacio para externar esas emociones. “El grupo me ayudó a enfrentar, finalmente cuando él murió, pues también me han ayudado a vivir mi proceso de duelo, el poder asimilar que él ya no está en este lugar”. Dice que la escucha de sus compañeros la sostiene cuando se pone melancólica o cuando siente deseos de llorar.
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