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De la redacción
El Buen Tono

Las principales potencias del mundo, entre ellas Estados Unidos, buscan reforzar su control sobre el estrecho de Groenlandia, Islandia y Reino Unido, conocido como GIUK, debido a su papel estratégico como paso marítimo entre el océano Ártico y el Atlántico. Esta ruta es clave para el tránsito de barcos y submarinos que se desplazan entre ambas regiones.

De acuerdo con lo documentado, el estrecho de GIUK ha sido históricamente vigilado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ante el temor de que submarinos soviéticos cruzaran la zona sin ser detectados, lo que llevó al despliegue de sistemas de vigilancia submarina. En la actualidad, su relevancia ha aumentado por el deshielo del Ártico provocado por el cambio climático, que abre la posibilidad de nuevas rutas marítimas.

Este escenario ha derivado en un incremento de la actividad militar en la región. Fuerzas de Estados Unidos y de otros países de la OTAN desarrollan operaciones de guerra antisubmarina, ante el paso de submarinos rusos de propulsión nuclear por el área. A ello se suma la presencia de una estación científica de origen chino cercana al estrecho, señalada como sospechosa de mantener vínculos con el ámbito militar.

En este contexto, el presidente Donald Trump ha intensificado la presión sobre Groenlandia. Desde que asumió por segunda vez el gobierno en 2024, ha manifestado su interés en anexar la isla a Estados Unidos, lo que permitiría dominar las rutas marítimas del estrecho de GIUK. El mandatario ha insistido en esta postura desde su intervención en Venezuela para extraer al depuesto presidente Nicolás Maduro.

El pasado 12 de enero de 2026, a bordo del Air Force One, Trump declaró que Groenlandia será de Estados Unidos “de una forma u otra”, argumentando que, de no hacerlo, Rusia o China tomarían el control. También sostuvo que la isla es necesaria para la seguridad estadounidense.

Sin embargo, este argumento ha sido cuestionado por analistas como Ian Lesser, miembro del Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos, quien señaló que Washington ya cuenta con dispositivos de seguridad en Groenlandia y consideró que el interés del presidente se centra principalmente en la explotación de recursos minerales, energéticos y oportunidades comerciales.

Los países de la OTAN han rechazado los amagos de anexión y han insistido en el respeto a los acuerdos internacionales vigentes. El 13 de enero, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, lamentó la presión ejercida por el mandatario estadounidense y, acompañado de la primera ministra danesa Mette Frederiksen, reiteró que Groenlandia opta por seguir formando parte de Dinamarca.

“Nos enfrentamos a una crisis geopolítica, y si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos a Dinamarca”, declaró el jefe de gobierno groenlandés.

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