

De la redacción
El Buen Tono
El descubrimiento de la penicilina en 1928 por el científico escocés Alexander Fleming es considerado uno de los casos de serendipia más importantes en la historia de la medicina moderna, al abrir el camino a la era de los antibióticos y transformar el tratamiento de las infecciones bacterianas en todo el mundo.
Fleming, nacido el 6 de agosto de 1881 en Escocia, se trasladó a Londres siendo adolescente, donde inició su formación académica y más tarde ingresó a la St. Mary’s Hospital Medical School, impulsado por su hermano Thomas, quien ya era médico. En 1906 se graduó en medicina y cirugía, iniciando una carrera científica que lo llevaría a descubrimientos decisivos.
Durante su trayectoria, Fleming destacó como bacteriólogo bajo la guía de Almroth Wright, y en 1922 realizó otro hallazgo relevante: la lisozima, una enzima presente en fluidos humanos como las lágrimas y la saliva, capaz de destruir bacterias y proteger al organismo de infecciones.
Sin embargo, su descubrimiento más trascendental ocurrió en 1928, cuando al regresar de unas vacaciones observó que una placa de cultivo de estafilococos había sido contaminada por un hongo. Notó que las bacterias cercanas al hongo habían desaparecido, mientras que otras permanecían intactas. A partir de ese fenómeno, identificó el hongo del género Penicillium y aisló la sustancia que posteriormente llamó penicilina.
Fleming comprobó que esta sustancia tenía la capacidad de eliminar diversas bacterias patógenas, aunque en ese momento su hallazgo no recibió la atención suficiente. A pesar de ello, su investigación sentó las bases para el desarrollo posterior de los antibióticos, que años más tarde revolucionarían la medicina.
Su trabajo en el campo de la bacteriología continuó consolidándose con el tiempo. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el Cuerpo Médico del Ejército Británico, experiencia que reforzó su interés por las infecciones y sus tratamientos.
El impacto de la penicilina no fue inmediato, ya que su uso médico masivo tardó alrededor de quince años en consolidarse. Sin embargo, su importancia fue reconocida internacionalmente en 1945, cuando Fleming recibió el Premio Nobel de Medicina junto a Howard Florey y Ernst Boris Chain, quienes contribuyeron al desarrollo clínico del antibiótico.
Alexander Fleming fue nombrado sir en 1944 y continuó vinculado a la investigación y la enseñanza hasta sus últimos años. Falleció el 11 de marzo de 1955 en Londres, a los 74 años, dejando un legado científico que transformó la historia de la medicina y salvó millones de vidas en todo el mundo.
