ANDRÉS TIMOTEO
Columnista

LOS 400 DIARIOS
Hoy se cumplen 160 días de que el Consejo de Salubridad General (CSG) decretó la emergencia sanitaria en México a causa de la pandemia de Coronavirus y las cifras son más peliagudas que las generadas por la violencia del crimen organizado. En apenas cinco meses y una semana de crisis epidémica se acumularon más muertos que los de todo el sexenio del panista Felipe Calderón (2006-2012) el cual cerró con 65 mil víctimas derivadas de su ‘guerra’ contra el narcotráfico.
Hasta ayer domingo había más de 67 mil fallecidos por la Covid-19 -tan solo en las cifras oficiales pues hay un subregistro y el maquillado de las autoridades-. Pero sin ir tan lejos, los más de 67 mil muertos por la gripe pandémica en estos cinco meses son el doble de los 35 mil decesos que se acumularon en todo el 2019, el primer año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Y los pormenores de esa cifra son ásperos: en promedio fallecieron 420 mexicanos cada día, a razón de 17 por hora. Si a esos se les suma -hipotéticamente y en base a la estadística promedio del año pasado- los 95 muertos por el crimen organizado, se estaría hablando de 515 decesos diarios lo que es toda una hecatombe humanitaria resultado del binomio crimen-enfermedad.
Algunos, entre ellos el propio tabasqueño López Obrador, refutan que cifras mortales de México se comparen con las de otras naciones, aunque eso es inevitable dada la globalización y las herramientas para calificar a los gobiernos nacionales. Así, mientras que en México han muerto diariamente 420 personas, en ese mismo periodo fallecieron 222 en Italia, 191 en Francia y 183 en España, o sea alrededor de la mitad.
Se pudiera alegar que esos tres países tienen la mitad de población que México y es cierto, pero la India -que ahora ya desplazó a México del tercer lugar mundial en el número de fallecidos con poco más de 70 mil- han perecido en promedio 438 personas al día, solo 18 arriba de México, pero con el agregado de que tiene una población diez veces más grande que la mexicana -un millón 353 mil habitantes para ser exactos-. Ahí se rompe el axioma engañoso de López Obrador y de otros que justifican las cifras necrológicas domésticas amparados en la demografía.
En Veracruz, el ritmo de muertes por la Covid-19 es de 23 al día si se atiende la cifra de 3 mil 781 acumuladas -hasta ayer al mediodía-. Hasta junio de este año, la estadística mortal por la violencia era de 600 muertos, a razón 4 por día, entonces la pandemia de Coronavirus la sextuplica. Mientras la oleada de muerte por el binomio crimen-enfermedad diezma a los veracruzanos, el gobernante en turno y sus funcionarios ocupan el tiempo en ¡chapear jardines! Pobre Veracruz, todos los males lo aquejan.
 
MENOS LADILLAS
El viernes pasado hubo quienes descorcharon alguna botella para brindar porque el Instituto Nacional Electoral (INE) negó el registro como partidos políticos a diversas organizaciones encabezadas por verdaderos impresentables de la vida pública del país, aunque causó especial regocijo el rechazó a “México Libre” que lidera el matrimonio formado por el expresidente Felipe Calderón y Margarita Zavala, dos mensajeros de la muerte y del desaseo político-electoral.
La memoria tiene patas cortas, dicen algunos. Pero cuando eso sucede hay que ponerle patines o montarla en una bicicleta para que no se rezague, acotan otros. Es decir, refrescarla. No hay que olvidar que Calderón transitó todo su sexenio con el estigma de ser un usurpador por el fraude monumental del 2006, reconocido por él mismo cuando alegó que sería presidente “haiga sido como haiga sido” en una entrevista televisada.
La señora Zavala no es más pulcra que su marido, basta recordar que en el 2018 cuando impulsó su candidatura “independiente” a la Presidencia fue exhibida por falsificar firmas y credenciales de supuestos adherentes. Desde entonces en los corrillos políticos se le conoce como la “reina de las fotocopias”. Ahora, ambos se quejan y gritan que son víctimas de una “operación de Estado” y el rechazó a su partido es un ataque contra la democracia. Vaya, solo escucharlos causa prurito. Que les crean los desmemoriados.
Por supuesto que la negativa para reconocer a “México Libre” -algunos le llaman “Cuba Libre”, una de las bebidas a las que es tan aficionado Calderón- tiene su dosis de regocijo vengativo de parte del actual presidente, López Obrador, aunque no es, ni por asomo, proporcional a lo del 2006. Además, hay que considerar que tampoco es un escarmiento definitivo para Felipe ‘El Oscuro’, como lo llama la escritora argentina Olga Wornat en su libro reciente.
No, los Calderón recurrirán al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para tratar de revertir la decisión del INE, por eso no está dada la última palabra ni conjurado el riesgo de que los calderonistas participen por algunos cotos de poder en los comicios del 2021. Para cerrarles la puerta a estos indecibles, la presión ciudadana -más que la presidencial- sobre los magistrados debe ser puntual e intensa.  
De la misma forma hay regocijo popular también porque se le negó el registro a “Redes Sociales Progresistas” de la exdirigente magisterial, Elba Esther Gordillo y a “Fuerza Social por México”, de Pedro Haces, líder de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM. Ambos aliados al morenismo y tremendos impresentables.
Igualmente, por el rechazo a “Alternativa” del expriista César Augusto Santiago y “Súmate a Nosotros” del exdirigente panista y actual funcionario federal, Manuel Espino. Es significativo el dato de que Espino y Haces tuvieron negocios y ‘queveres’ con el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte. El expanista Espino fue infinidad de ocasiones a la entidad, contratado por el gobierno estatal, para arremeter contra la oposición, especialmente el panismo. Hasta le financiaron un libro.
Haces Barba se prestó al saqueo de las finanzas veracruzanas a través de contratos en la Secretaría de Salud por 493 millones de pesos. En fin, con la decisión del INE, el país se salva -por el momento y en una primera instancia- de varias ladillas. Habrá que esperar la resolución del Tribunal Electoral para ver si termina la fumigación.
MORENA, EL REFLEJO
De ser el vehículo que permitió el triunfo histórico de López Obrador en el 2018 se convirtió en un entuerto que ya le pesa al mismo mandatario y se perfila como un pasivo hacia las elecciones intermedias del 2021. El Movimiento Regeneración Nacional (Morena) no ha podido convertirse en un partido como tal y ni siquiera se mantiene como un frente o movimiento político, sino que ha terminado en una comunidad de hordas en permanente reyerta por los cargos.
Más que vergonzoso fue el desempeño de la mexiquense Yeidckol Polevnsky como presidenta sustituta -recuerden que sucedió a López Obrador cuando éste dejó la dirigencia para ser candidato presidencial- pues no solo puso a todos en su contra, sino que administrativamente hizo todo tipo de transas financieras con dinero de las prerrogativas. Hay una acusación por casi 500 millones de pesos desviados.
Está señora no se quiso ir de la dirigencia y promovió todo tipo de amparos para reelegirse entrando en disputa con otros de la nomenclatura lopezobradorista como Bertha Lujan, presidenta del Consejo Nacional de Morena y madre de la secretaria del Trabajo, María Luisa Alcalde, Alejandro Rojas Díaz Duran, suplente del senador Ricardo Monreal y Mario Delgado, líder de los diputados morenistas en San Lázaro quienes aspiran al cargo y mantienen una guerra interna.
Por medio de una asamblea que muchos calificaron de ilegal se logró, en enero pasado, el nombramiento del diputado federal, Alfonso Ramírez Cuéllar como dirigente interino. ¿Y qué creen?, este pretendía extenderse al frente del partido hasta después de los comicios del 2021, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) lo paró y ordenó renovar la presidencia partidista antes de que inicie el año electoral y el método será una encuesta entre militantes y simpatizantes porque el padrón mismo de Morena no es confiable.
En estos últimos días se ha ido despejando la duda sobre quien es el “candidato de palacio” para dirigir a Morena y todos coinciden que es Mario Delgado. Todavía la semana pasada se hablaba de que el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, sería la opción -y la intervención- para serenar los ánimos en el partido y que un incondicional del tabasqueño asumiera las riendas. Al parece, Delgado lleva mano.
A esa lista de aspirantes – de la cual se ha retirado Bertha Lujan porque Delgado viene con la bendición presidencial- se sumó un personaje icónico de la izquierda, el también diputado Porfirio Muñoz Ledo, pero es casi seguro que no tendrá éxito por ser uno de los críticos más duros, inteligentes e irrefutables de la “cuarta transformación”. El fin de semana iniciaron recorridos proselitistas los que aspiran a dirigir al partido en el poder, aunque al final todo indica que la ‘cargada’ será para Mario Delgado, igual que lo hacían en el PRI, el abuelo de Morena -pues el PRD es el papá-.
Pero el fondo de todo este asunto es indicativo:  Morena cuyos mandamases se pelean a por los cargos, se roban el dinero público, se acusan mutuamente de corrupción, se olvidaron de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, y sobre todo no han podido aterrizar como institución partidista ni cumplir con la formación política de las nuevas generaciones, es el reflejo del gobierno de López Obrador con su  desbarajuste tanto en lo práctico como en lo ideológico.

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